Seguinos en:

Desarmistas y Criminales

El fin de dejar a los ciudadanos desarmados los vuelve aliados impensados de los corruptos y criminales.

Autor: Gustavo S. Rubio Fecha de publicación: 29/07/2020

Transitando diferentes fases de la estirada cuarentena, asistimos al comienzo de una oleada de criminalidad que irá creciendo si el Gobierno no toma cartas en el asunto de manera concreta, lógica y republicana: poniéndose del lado de la gente que se ve obligada a defenderse.

Los crímenes relacionados a la mafia narco en Santa Fe, las entraderas a jubilados en los últimos días en el Conurbano bonaerense, los incendios de campos productivos en Córdoba o los tajos de los silobolsas en Entre Ríos han puesto de manifiesto el ensañamiento de los delincuentes, la violencia creciente por parte de los vándalos y la falta total políticas de seguridad serias en estos días.

Mientras los Ministerios de Seguridad de Nación y Bonaerense discuten en la eterna interna peronista de derechas e izquierdas endogámicas o su colega santafesino que sigue relativizando la situación salvaje de su provincia, las víctimas reales de los cientos de, por ejemplo, barrabravas sin ingresos por el parate del fútbol que se volcarán a diversificar sus rubros criminales, sigue creciendo.

Se puede alegar que las fuerzas policiales no dan abasto porque deben salir a atrapar abuelos sin barbijos que reciben a sus nietos, runners solitarios que salen a correr en pleno invierno o deben escoltar a inspectores que clausuran negocios que osan abrir para darle de comer a sus familias pero la cosa pasa por otro lado. El Gobierno, el Estado en su conjunto, debe aceptar de una buena vez que existe un marco legal, constitucional y penal, que le permite a los ciudadanos que eligen defenderse, defender su propiedad y defender a su familia armándose de manera legal puedan hacerlo más allá de las opiniones ideológicas y posturas subjetivas de funcionarios, políticos, opinadores, periodistas y famosos.

En definitiva, que el actual Gobierno acepte de una vez por todas que quienes se ven obligados a ejercer la legítima defensa no son culpables sino victimas y que tener legalmente un arma es un derecho que puede ser ejercido sin que el Estado tenga opción a opinar.

Más de 150 millones de personas murieron gracias el desarme civil en el siglo XX. Disidentes en la URSS, los judíos y otras minorías en la Alemania nazi y la del Muro, la clase media en Camboya, cristianos en Uganda, opositores en China, etc. todos ellos fueron despojados de sus armas por el régimen de turno y quedaron a merced del entramado de poder. Su condición de ciudadano quedó indefensa frente a los vándalos, ya fueran particulares o estatales.

El gradualismo en el desarme civil, dependiendo del lugar y la época en que se dio en cada ejemplo, esgrime el mismo concepto: según el gobierno, el individuo no está capacitado para defenderse a sí mismo, ni a su propiedad ni a su familia y papá Estado es único que tiene que hacerse cargo de ello. Se pone como excusa el "bien mayor" o "el bienestar general", generalización que esconde un avallasamiento del individuo, para darle al Estado, o mejor dicho, al Gobierno de turno un poder aún mayor de manera gratuita y sin mayores cuestionamientos olvidando el peligro que corre la República. Las vidas de las personas y la propiedad le pertenecen al Estado omnipresente y no a las personas.

¿Qué se puede cuestionar si "está en juego la vida de muchos"? Es así que caemos en la tentación facilista de un estado regurgitador de dádivas y no vemos que poco a poco la República pierde su sentido y el populismo de políticos iluminados gana terreno. Resulta llamativo, todavía sin llegar al extremo venezolano, que el mismo Gobierno sea incapaz de actuar de bien. Sin ir más lejos, en plena subida de curva de los casos de COVID19 en provincia de Buenos Aires, el gobernador continúa la rotación de efectivos policiales por todos los municipios, llevando a policías de lugares de alto contagio a ciudades en Fase 5 como sucedió en Balcarce, Mar del Plata, Tandil y demás municipios del interior. Más allá de poner en peligro de contagio a cientos de miles de ciudadanos, el mismo Gobierno está dilapidando recursos humanos en seguridad al obligar innecesariamente que cientos de policías deban guardar aislamiento preventivo por varios días o directamente deban ser internados por estar enfermos dejando así a la sociedad a merced de los criminales por no contar con los recursos suficientes. Encima de esta falta de planeamiento, se le suma la prohibición tácita de que los ciudadanos no deban portar armas de fuego (desde hace años no se entregan portaciones por cuestiones ideológicas) o la lapidación mediática de quien tiene armas legales y se ve obligado a usarlas en legítima defensa, nos encontramos frente a un futuro nefasto en el tema de Seguridad.

Ahora bien, esta excusa sirve para tapar errores fundamentales de políticas mal diseñadas y proteger a quienes los idearon y es así que el crimen y los delitos pasan a ser llamados "inseguridad", concepto bien difuso si los hay (va a depender de quién lo diga y de quién lo escucha), pasan a ser "problemas de exclusión social" o de "desesperación económica". Entonces, para "combatir la inseguridad", se cae en las políticas desarme civil que encontraron sus coartadas a través de ONGs turbias como la RAD de Marcenac que asesoran políticos y periodistas bajo una retórica progresista e información falsa. Plagan los justificativos frases como "Hay estudios que dicen...", "Según los investigadores..." "En otros países"... No dan un solo dato concreto, nombre propio o ejemplo comprobable. O lo que es peor, van de lo singular a lo plural, apelando al miedo de Doña Rosa que jamás empuñó un arma, a la ignorancia del periodista de policiales que se instruye por series de acción de Netflix o al dolor de los parientes del tipo que salió de caño a matar a un jubilado para obtener una guita fácil y no volvió.

Los televidentes compasivos y arrinconados, cuestionados por tener el impulso natural de autopreservación al simpatizar con quien optó por defenderse, son bombardeados por políticos y funcionarios con argumentos mentirosos porque es fácil aducir que se está haciendo algo cuando ese algo implica cambiar el objeto de análisis. De esta manera el arma de fuego legal es la culpable de la muerte y no la persona que agredió ilegítimamente a la victima que se pudo defender; el objeto inanimado legal es la causa principal del hecho y el ciudadano que ejerce su voluntad de defender su vida y lo suyo (ya que el estado permite que tipos con antecedentes deambulen impunemente por todos lados) es estigmatizado porque tenía en su poder un arma legal como le pide el mismo Estado (y la Constitución reconoce). Es el mismo Estado a través de una fiscalía militante, la policía mal formada y moralmente corrompida, y todo el sistema de justicia carcomido, el que hace diferencia a favor del maleante sin importar que portara un fierro ilegal con la única intención de provocar un daño a su víctima.

Esa línea facilista, la del desarme civil que costó millones de vidas, se sigue aplicando y se lo hace en el único ámbito posible: en el ámbito legal. Se caza en el zoológico ya que como bien se sabe, los criminales y delincuentes no siguen las leyes. Más de un político tendría que recordar el concepto "están fuera de la ley" y rediseñar estrategias acordes.

Las consecuencias de dicho desarme civil van más allá de la mera lavada de manos gubernamental, el lobby desarmista o la búsqueda de poder de la facción gobernante.

La consecuencia fundamental, hoy en día, es que EL DESARME CIVIL CONSOLIDA EL "NARCOESTADO". Con las políticas de desarme civil la relación entre Estado y criminales es tan clara como la diferencia entre "falopa" y "medicamentos". El desarme civil es una herramienta indirecta que permite al narcotráfico, a los criminales y a la corrupción política sostenerse.

Si se toma por caso ilustrativo de la provincia de Santa Fe, en especial las ciudades de Rosario y Santa Fe, se puede ver, según las palabras del Papa Francisco, la mexicanización de la zona. Por distintas razones, los narcos fueron tomando el lugar y como forma de afianzarse y del inherente comercio de drogas, en especial el menudeo, la violencia creció a la par de la corrupción policial y política y degradación social. Otro tanto sucede en intendencias del Conurbano bonaerense profundo. Debido a la connivencia político-policial con los narcos y frente al pedido de pacificación de la sociedad, las medidas tomadas por los iluminados políticos recayeron nuevamente en el desarme civil. Se ataca a la parte legal, visible. Es decir, se desarma a la sociedad como salida rápida ya que no se puede desarmar efectivamente el ámbito ilegal porque requiere voluntad, que no haya corrupción y, sobretodo, arremangarse y trabajar.

Debido a esto, a la sociedad se le quita la opción de elegir si autodefenderse o no y se la deja indefensa por partida doble:

Por un lado una sociedad que no puede elegir autodefenderse dependerá exclusivamente de las fuerzas de seguridad de turno (que aumenta sus números y sus costos ya que se crea la falsa sensación de seguridad), en su mayoría comprometidas en algún nivel, corruptas en algún estamento, que no podrán combatir al crimen ni los delitos por su relación con los mismos.

Por otro, una sociedad que no puede autodefenderse estará a merced de criminales y delincuentes, que no vacilarán en atacar violentamente ya que no existe un peligro real para ellos. No corre riesgo su integridad física (víctimas indefensas) ni su libertad (policía y poder judicial cooptado).

Un ciudadano desarmado pasa, de esta manera, a ser una fuente fácil de recursos para, en este caso, el cliente del dealer de turno o del barrabrava que no tiene los recursos de sus negociados de entradas o trapitos del domingo e incluso no pueda defenderse si a algún usurpador se le ocurre tomar el poder desconociendo la Constitución. Los ciudadanos se transforman en una especie de cajero automático que sangra.

El desarme civil, pasa ser una herramienta más para consolidar las mafias. Pasó en México, pasa en Santa Fe y en el Conurbano en cuarentena. Con el desarme se crea un ambiente propicio para que la base de sustento que tiene el delincuente pueda seguir sosteniendo la máquina criminal y su fuerza de choque.

Viendo cómo viene la mano en el desarme civil, a los millones de muertos en manos del estado del siglo pasado hay que empezar a sumarles las víctimas de crímenes y delitos relacionados al narcotráfico, los barras sin fútbol y la crisis provocada por decisiones políticas muy mal pensadas. El desarmista, en definitiva, pasa a ser el mejor aliado del criminal.

Gustavo S. Rubio Legítimo Usuario
Profesor de Inglés
Columnista sobre Armas y relacionados en Decilo Fuerte
Email: saidrubio76@hotmail.com
Twitter: @GustavoSRubio

Términos y condiciones | Acerca de Full Aventura | Incorpore su comercio | Contáctenos
Copyright© 2000-2020 FullAventura.com - Reservados todos los derechos

Seguinos en: