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El fusil de aguja Dreyse y su cartucho
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Sistema de retrocarga
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por Lucas Mariano Sena
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A mediados del siglo XIX, si bien los sistemas de avancarga habían avanzado bastante, las vedettes de los campos de batallas eran las armas a percusión y habían desplazado casi por completo al ya obsoleto sistema de mecha.
Este sistema era más efectivo que los anteriores, pero la carga de estas armas no dejaba de ser tediosa. Un tirador de avancarga bien entrenado y bajo el stress de estar bajo fuego enemigo, podía llegar a realizar 2 o hasta 3 disparos por minuto.
Poco tiempo después los sistemas de avancarga fueron desplazados por la rapidez de carga y practicidad de los sistemas de retrocarga y dando pie al comienzo de una nueva era en materia de armas de fuego. Podemos decir que Dreyse fue el padre de dos criaturas, el fusil de aguja y el cartucho combustible.
Nicolás von Dreyse (1787-1867) comenzó a desarrollar un sistema de retrocarga, basado en un diseño hecho a pedido de Napoleón años atrás por Jean Samuel Pauly, en 1824 y luego de múltiples experimentos, concluye el diseño del mismo en 1936. Consistía en un fusil como se conoce normalmente "a cerrojo", cuya característica más destacada de este era una larga aguja que estaba situada en el interior del cerrojo, de ahí el nombre de este sistema de arma.
Otra característica que lo destacaba era el cartucho que utilizaba este fusil, integraba todos los elementos que en las armas de avancarga estaban separados, en un cartucho forrado en papel.
El fusil
Básicamente era un fusil con cerrojo a manivela, que en el interior alojaba una larga aguja (de ahí el nombre) y al resorte que lanza la misma.
Al abrir el cierre y llevarlo hacia atrás, se comprime el resorte (que es el que luego impulsará la aguja) y permite ingresar un cartucho en la recámara, y la aguja y el resorte quedan retenidos.
Al cerrar el cerrojo, este queda bloqueado y la obturación se realiza mediante dos piezas cónicas que se encastran una dentro de otra. Cuando se oprime el disparador, la aguja es liberada, impulsada por el resorte, con la fuerza suficiente para traspasar el cartucho y golpear el fulminante y así lograr encender al mismo. Poseía cañón de ánima estriada, lo que le daba una excelente precisión.
Datos del fusil
- Longitud total: 143 cm
- Calibre: 15,43 mm
- Peso sin bayoneta: 4,980 Kg
- Peso con bayoneta: 5,336 Kg
- Longitud de la bayoneta: 55,9 cm
- Longitud del cañón: 90,7 cm de hierro forjado
- Cadencia: entre 7 y 10 disparos por minuto
El cartucho
Es lo más parecido a un cartucho de nuestra época, integraba todos los elementos (pólvora, bala y fulminante) en una sola unidad, pero en un orden muy particular.
La pólvora esta situada delante del fulminante y este esta apoyado sobre un taco de madera que es el que empuja una bala ojival (algo poco común para la época). El cartucho es armado artesanalmente y envuelto en papel, el cual se quema en la recámara, por este motivo también se lo conoce como "cartucho combustible".
Datos del cartucho
- Diámetro: 16 mm
- Peso total: 38,5 grs
- Peso de la carga: 4,85 grs pólvora negra (75 grains)
- Peso de la bala: 31 grs (478 grains)
- Longitud del cartucho: 6,1 cm
Ventajas y desventajas
Se creía que al tener una alta velocidad de disparo, los soldados al comienzo de los combates y con el stress que este produce, derrocharían una gran cantidad de munición, hasta que fue probada en el campo de batalla con resultados sorprendentes.
El 3 de julio de 1866, en la batalla de Sadowa, donde los prusianos armados con este fusil, a las ordenes de Guillermo 1º, se enfrentaron contra los austriacos en un combate que duró 8 horas, los prusianos ganaron la batalla causando cuantiosas perdidas a su enemigo, gracias al poder de fuego que les brindaba este fusil causaron 60.000 bajas enemigas.
Durante los primeros tiros poseía gran velocidad de disparo (entre 7 y 10 tiros por minuto), lo que le daba una potencia de fuego increíble para esa época. Luego de varios disparos, la recámara acumulaba tal cantidad de residuos producidos por la combustión del cartucho, que dificultaba el cierre y la apertura del cerrojo.
Los soldados debían valerse de lo que tenían a mano para efectuar el cierre de la recamara cuando esta era obstruida por los residuos (piedras, por ejemplo).
Al no tener obturación en la recámara muchos de los gases y residuos incandescentes, terminaban en el rostro del tirador. Permitía cargar y disparar sin levantarse del suelo, con lo que se ofrecía un blanco mucho menor al enemigo.
La larga y fina aguja que poseía era afectada directamente por la combustión, lo que producía, luego de un uso no tan prolongado, la rotura de la misma.
Basándose en este sistema surgieron sucesivos modelos diferentes y una nueva era se abría para las armas de fuego y la avancarga tenía sus días contados.
Lucas Mariano Sena
ITB 3782
DNI 27.660.663
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