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Subfusil

El arma y el calibre entre la pistola que no alcanza y el fusil de asalto que sobra

Autor: Ricardo Seratti Fecha de publicación: 01/02/2007

"El espíritu militar se mantiene tal vez por tradiciones o por una legislación, pero sólo la guerra puede crearlo"
Gastón Bouthoul

Cuando se creía que el subfusil desaparecía de la escena militar y quedaba solamente como un arma para las fuerzas de seguridad y policiales, la década de los ochenta lo reflotó como el elemento principal de los grupos de intervención antiterroristas.

Es el arma y el calibre entre la pistola que no alcanza y el fusil de asalto que sobra, especialmente para las áreas urbanas. A partir de los años setenta y a raíz de la aparición de lo que se denominó "terrorismo internacional", los estadounidenses comenzaron a entrenar a sus tropas en combate en el interior de edificios.

Este tipo de enfrentamiento requiere de muy buenos reflejos, implica ir en busca del enemigo que, además de estar armado, puede poseer explosivos, y en algunos casos con rehenes; el espacio de combate es muy reducido, puede haber poca luz, obstáculos o trampas explosivas, humo producido por las granadas, mucho ruido y una carrera contra el tiempo, dado que al iniciar una entrada violenta debe mantenerse así desde el principio hasta el fin.

Se debe avanzar en capacidad de hacer fuego certero de inmediato, teniendo el arma siempre enfocada donde miran los ojos; el arma es el tercer ojo, como la correa hace de tercera mano. Cuando la distancia lo permite, el arma larga debe estar apoyada sobre el hombro; si por el contrario la distancia es reducida, debe estar bajo el brazo para tiro dirigido, que es una desviación de las técnicas tradicionales en la que la concentración está toda en el blanco y no en la mira del arma.

Lo ideal es mantener una distancia apropiada para el arma que se usa, no permitiendo que el enemigo entre en nuestro "territorio" -que es una demarcación psicológica en donde todavía tenemos libertad de movimientos- y comprometa el uso del arma.

Para este tipo de combate cercano, urbano y en ocasiones con rehenes, apareció el subfusil en calibre 9mm, .40SW y 10 mm de la firma alemana Keckler y Koch modelo MP5, en sus tres versiones, una de ellas con silenciador incorporado.

Este arma está a la cabeza de las preferidas por la mayoría de las fuerzas especiales policiales y militares para ese tipo de empleo, haciéndose famosa en la recuperación de la Embajada de Irán en Londres en manos de los comandos del SAS en el año 1980.

Los antecedentes del hoy llamado subfusil, antes metralletas o pistolas ametralladoras, que continúa siendo nombrado anteponiendo el artículo femenino por una cuestión de costumbre de muchos combatientes, se remonta a la Primera Guerra Mundial.

En la Gran Guerra apareció la Bergmann; también la guerra civil española fue campo de prueba de este tipo de armas de variadas procedencias. La II GM hizo aparecer en Alemania a las MP 38 y MP 40. En los Estados Unidos de Norteamérica se modificaron las Thompson modelo 1928, conocidas por ser utilizadas por famosos criminales, adaptándolas a las necesidades militares, sin perjuicio también fabricaron las M3 "grease gun" en calibres .45 y 9 mm. Inglaterra fabricó la Sten en 9 mm y Rusia defendió sus ciudades con la PPSH 41 y PPS 43 en calibre 7,62 Tokarev.

En la posguerra distintos grupos de guerrillas urbanas fabricaron sus propios subfusiles, algunos copiados de la famosa Carl Gustav sueca en calibre .45 y 9 mm. En la Argentina está aún en funcionamiento la Halcón 1963 en 9 mm; también se habían producido otros modelos en 45 y 9 mm. La DGFM argentina hasta hace poco tiempo fabricaba la FMK-3 de 9 mm, un arma fiable y robusta.

Distintos prototipos de metralletas fueron desarrollados en nuestro país por empresas privadas y estatales; inclusive por grupos guerrilleros como el PRT-ERP y Montoneros. La del ERP llevaba impresa una estrella de cinco puntas con la sigla JCR (Junta Coordinadora Revolucionaria), cuya pretensión era fabricarla para grupos similares del Brasil, Uruguay, Bolivia y Chile.

Los israelíes combatieron buena parte de sus guerras con una que inventaron y que se hizo mundialmente famosa, la UZI en 9 mm. Es buena, resistente, sencilla y sus nuevas versiones son tan confiables como su antecesora.

Son muchas las fábricas que desarrollaron subfusiles, y que siguen en servicio, como las MAC 10 y 11, Beretta, Steyr, SW, Walther, Colt con su CAR 9, Sterling, por citar solamente las más conocidas y usadas.

El subfusil es un arma intermedia, pequeña, de poco peso, bajo costo, de fácil y rápida fabricación, todo eso sumado al poco retroceso, tamaño ocultable y la sencilla utilización lo convirtió en un elemento muy popular.

Algunos disparan con cerrojo abierto y otros con cerrojo cerrado, lo cual los hace más precisos, y su cadencia teórica de fuego va de 550 a 1.400 tiros por minuto, dependiendo de las marcas, modelos y calibres. En contra se puede mencionar su corta distancia de efectividad y, en manos de hombres no entrenados, la munición se agota rápidamente; la experiencia demuestra que hay pocos soldados convencionales, de seguridad o policiales entrenados correctamente en su uso.

Con algunos de ellos podemos ser eficaces hasta los cien metros, si bien su campo de tiro es de treinta metros. Con práctica, se debe lograr disparar ráfagas de tres a cinco disparos, contando las mismas para que no nos sorprenda el arma vacía.

Al igual que las demás armas, no se debe tomar del cargador para disparar y tratar al mismo con cuidado para que no se deforme y nos trabe el funcionamiento del arma. En fuego automático y con la modalidad de enfoque o dirigido es muy útil y práctico el uso de la correa, ya sea la táctica o una común cruzada con el largo correcto, lo que nos permite disparar en ciento ochenta grados, además de guiar el tiro especialmente si se está corriendo, y por último, hace de tercera mano.

Como el empleo del subfusil es para cortas distancias, el combatiente debe estar en condiciones de realizar el Método Total Instintivo, filosofía táctica de velocidad, agresión y sorpresa, utilizando el cuerpo como parte del arma, especialmente para las entradas dinámicas.

Al subfusil se le puede agregar una serie de accesorios como linterna, láser, bayoneta y en algunos casos lanzagranadas de cuarenta milímetros, siendo éste un accesorio militar muy útil.

En la actualidad la mayoría de los subfusiles son fabricados con el cargador bajo la empuñadura, lo que permite un recambio del mismo en forma más rápida, especialmente con poca luz, como bien se dice: "la mano encuentra la mano". No obstante, se debe practicar en forma intensa y también se debe hacerlo desde el hombro para un recargue táctico.

La posición de tiro inicial es de pie, luego se practica de rodillas, agachado, corriendo en zigzag para el tiro con la correa, avanzando, retrocediendo, haciendo rodillo, y tiro instintivo desde la cadera y el pecho. El mínimo de entrenamiento requerido para que un hombre realmente obtenga la máxima utilidad de este arma y no se convierta en un peligro para terceros es de dos mil disparos.

Normalmente las Fuerzas de Seguridad utilizan la modalidad de tiro en semiautomático, para ser más precisos y tener mejor control del arma, además es una forma de poner en peligro a terceros no involucrados especialmente en lugares concurridos.

Para operaciones especiales de inteligencia y para personal afectado a la protección física de personas fueron diseñadas las MAC modelos 10 y 11 en calibres 9 mm y .380 ACP, la Mini-Uzi y Micro Uzi, la Scorpión UZ 61 en calibre .32 ACP, la Steyr, la HK MP5 Kurtz y pistolas ametralladoras como la Glock modelo 18, la Beretta 93 R, la Brno CZ 75, todas en calibres 9 mm y con selector automático, ya sea ráfagas de tres o totalmente automático.

En estos últimos años surgió una nueva arma, la FN P-90, en un nuevo calibre que es el 5,7 mm, en un claro esfuerzo de la firma belga para reemplazar a las armas portátiles. En la Argentina está siendo probada por distintas Fuerzas Especiales.

En definitiva, el subfusil es un arma que requiere mucha práctica de tiro para realmente aprovechar la ventaja del fuego automático y el poco retroceso, pero no siempre las Fuerzas invierten en sus hombres semejante práctica, pese a que sigue vigente el dicho angoleño que reza: "La guerra no come pan, come hombres".

Ricardo Seratti Asesor de seguridad y Profesor instructor de tiro.
Muchos de sus trabajos son realizados en el exterior.

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