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Trump no está tan loco

Analizamos las implicancias de sus declaraciones sobre las masacres en los colegios

Autor: Carlos H. Prosperi Fecha de publicación: 02/05/2018

Desde su campaña electoral hasta ahora, los opositores al presidente estadounidense Donald Trump vienen afirmando que es poco más o menos que un loco. Por supuesto que no vamos a analizar en esta página sus dichos y hechos en temáticas políticas, como la muralla en la frontera mexicana o los bombardeos a Siria. Pero en cambio es interesante ver las implicancias de sus declaraciones sugiriendo que, para evitar las masacres ocurridas con alarmante frecuencia en los colegios, los maestros que lo deseen podrían ir a clase portando armas.

La conocidísima matanza en la escuela secundaria de Columbine no fue la primera, pero si fue la que tuvo una relevancia mucho mayor que las anteriores, a tal punto que hasta se hizo una película acompañada de mucha publicidad mediática, y desató un debate más fuerte que los anteriores acerca del libre acceso a las armas por parte de los ciudadanos de Estados Unidos.

A partir de este incidente se han repetido varios más, incluso en ámbitos distintos a los colegios, con desquiciados que inexplicablemente tienen acceso a fusiles de alta peligrosidad, y en algún momento deciden usarlos para asesinar a los primeros que se le crucen en el camino, sea por alguna venganza, por algún resentimiento particular, o simplemente por puro desequilibrio mental.

Desde luego, estamos excluyendo de este análisis a los atentados provenientes del terrorismo internacional, que son de orígenes completamente distintos, y que no se verían influenciados en modo alguno por lo que dicten las leyes sobre tenencia de armas, ya que obviamente, ellos no se proveen de las mismas por los canales que lo hacen los ciudadanos comunes.

Durante el debate por el caso Columbine hubo propuestas de algunos legisladores y de algunos miembros de la NRA (Asociación Nacional del Rifle) sugiriendo que el personal docente o auxiliar del colegio tendría que estar autorizado a la portación de armas ocultas ("concealed carry"), y que si alguno de ellos hubiera tenido disponible una pistola o revólver seguramente hubiera podido evitar que el asesino consumara su delito impunemente hasta la llegada del personal policial.

Desde entonces las matanzas han continuado, y hasta se han incrementado, ahora con el aditamento de que ya es el mismísimo presidente el que se hace eco de la idea y ha propuesto formalmente que los maestros vayan armados. Es claro que a todos nos "suena" mal que circulen civiles armados por las calles, y más todavía cuando se propone llevar armas nada menos que a instituciones educativas que deben fomentar la convivencia y el respeto en vez de la violencia. Ello motivó que muchos periodistas y formadores de opinión se manifestaran en contra, diciendo que la propuesta era un disparate, pero sin dar explicaciones racionales objetivas que sustenten esa negativa. En realidad, los fundamentos subyacentes detrás de la propuesta del presidente no dejan de tener un sustrato bastante lógico.

El tiroteo en la secundaria Marjory Stoneman Douglas de Parkland, en la Florida, terminó con 17 jóvenes estudiantes muertos. Y hubo otros incidentes posteriores. La iniciativa de Trump se ha convertido en una propuesta de ley que está a la espera de su promulgación por parte del gobernador de la Florida, donde ya existe la posibilidad de que los residentes que no registren antecedentes penales puedan obtener permiso de portación de armas cortas, sin otra justificación que su propia seguridad y defensa personal.

La "Ley de Seguridad Pública Marjory Stoneman Douglas" fue aprobada en la Legislatura con 67 votos a favor y 50 en contra, pero todavía debe ser refrendada por el gobernador Rick Scott. Los legisladores de este Estado, entonces, ya han aprobado la posibilidad de armar al personal docente y no docente de las escuelas, y al mismo tiempo restringir el fácil acceso a las armas por parte de menores o personas con antecedentes dudosos. (1).

La ley propone un llamado "Programa de guardianes... para prevenir o abatir incidentes de atacantes activos en instituciones educativas". Este programa es voluntario para quienes acepten hacer un curso de entrenamiento en el manejo de armas y que también aprueben estudios psicológicos estrictos.

A la vez, la misma ley eleva de 18 a 21 la edad mínima para la compra y tenencia de armamento, y prohíbe los "bump stocks" que son unas culatas especiales que se adosan a los fusiles de la familia del M16 y M14 de modo que los transforman de semiautomáticos a automáticos ("full auto"). Asimismo, propone detectar, sobre todo revisando las redes sociales, y asistir a personas con problemas psicológicos que puedan dar origen a un tiroteo masivo. (1).

Algunos familiares de las víctimas defendieron la sanción de esta ley, señalando que "Contiene suficientes aspectos positivos y por lo tanto debe ser aprobada". Así por ejemplo lo hicieron Andrew Pollack, quien perdió a su hija Meadow de 18 años, o RyanPetty, cuya hija Alania de 14 años también murió en la masacre ocurrida en este Colegio.

Es evidente que los desequilibrados mentales pueden concretar sus torcidas intenciones precisamente porque, al estar armados, nadie que esté desarmado puede oponerles una resistencia equiparable, y entonces tanto los estudiantes como los profesores se ven limitados a huir o esconderse detrás de los pupitres, que difícilmente pueden detener un proyectil blindado de alta velocidad disparado por un fusil de asalto.

Esta circunstancia se sostiene inexorablemente hasta la llegada de la policía o de algún equipo SWAT, que en la mayoría de los casos logra detener o abatir al delincuente. Pero hay que tener en cuenta que, aun cuando se trate de fuerzas extremadamente rápidas y eficientes, lógicamente tardarán varios minutos en llegar al colegio y hacerse cargo de poner fin a la situación.

Ahora bien, cuando alguien tiene un aula o un patio lleno de alumnos inermes, y les dispara con un arma automática, o incluso semi-automática, provisto además de varios cargadores de repuesto y de alta capacidad, la cantidad de víctimas que puede cobrarse en esos pocos minutos alcanza la dimensión de una gran tragedia. Tragedia que sin dudas podría evitarse si en cuestión de segundos, y no minutos, alguien pudiera responder el fuego y detener al agresor, antes de la intervención policial.

Hasta Jennifer Baker, la vocera de la NRA, dijo al respecto que "Necesitamos propuestas serias para evitar que los criminales violentos y los enfermos mentales peligrosos adquieran armas de fuego". Pero también agregó "Aprobar una ley que prohíba que un joven de 20 años compre una escopeta para cazar o una madre soltera adulta pueda comprar el mejor rifle de autodefensa en el mercado castiga a los ciudadanos respetuosos de la ley por los actos malvados de los delincuentes". (2).

El mismo Presidente Trump, argumentando en favor de la propuesta, dijo que "Si un potencial 'tirador loco' sabe que una escuela tiene un gran número de maestros talentosos con armas (y otros) que dispararán al instante, el loco nunca atacará esa escuela. Los cobardes no irán allí... problema resuelto. ¡Hay que ser ofensivo, la defensa por sí sola no funcionará!" (2).

No parece tan disparatado pensar que los ciudadanos que tengan antecedentes penales intachables, que al mismo tiempo estén debidamente entrenados en el uso de armas cortas, y dispuestos a usarlas dentro de lo que establezca la ley, tanto en defensa de sí mismos como de sus familias, alumnos o terceros amenazados, puedan actuar como auxiliares de la seguridad, sólo en casos extremos y hasta tanto se puedan hacer cargo las fuerzas policiales que correspondan.

No faltan los "anti-gun (anti-armas)" que dicen que esta propuesta es un retroceso a los tiempos del Oeste Salvaje, pero tampoco faltan los "pro-gun (pro-armas)" señalando que las condiciones actuales son en realidad peores, porque en el Oeste estaban armados tanto los delincuentes como los ciudadanos honestos, mientras que ahora sólo están armados los delincuentes.

Sin embargo, debe decirse, en favor de los ciudadanos anti-armas y de la verdad objetiva, que muchas de sus propuestas sobre algunas restricciones y controles también son razonables, sobre todo en Estados Unidos donde la legislación en algunos temas es demasiado laxa. Por supuesto que no faltan tampoco los abolicionistas utópicos o irracionales, que quieren una prohibición total y absoluta de la tenencia de armas por parte de civiles, y algunos incluso de las fuerzas policiales, pretendiendo que se equiparen con, por ejemplo, los policías ingleses.

Esta postura es insostenible, ya que en caso de hacer leyes de ese tipo sólo quedarían desarmados los ciudadanos honestos, es decir aquellos que son cumplidores de la ley aun cuando no les guste, mientras que los ladrones, asesinos, y particularmente los locos, se preocuparán muy poco de lo que diga la legislación vigente (3).

En cuanto a desarmar a las Fuerzas de Seguridad, pretendiendo seguir el modelo británico, debería quedar claro que la no portación de armas es sólo para los agentes que están en la calle, cumpliendo funciones de ordenamiento del tránsito y de vigilancia en general, que logran imponer su autoridad ante aquellas personas que son respetuosas de su uniforme, pero que ante el menor peligro utilizan sus handies para comunicarse inmediatamente con grupos de ataque de pronta respuesta, fuertemente armados con fusiles de asalto, subfusiles, escopetas de repetición y fusiles de precisión. Y ello precisamente porque delincuentes armados los hay en todo el mundo, incluso donde la venta y tenencia de armas está totalmente prohibida.

Más aún, como ya explicamos en una nota anterior, en aquellos países muy restrictivos no han disminuido los delitos sangrientos, mientras que han bajado en los Estados donde la portación oculta es menos restrictiva, precisamente porque los ladrones y violadores temen encontrarse sorpresivamente con una potencial víctima armada y con posibilidades de defenderse (3).

Resulta muy interesante notar que en la última gran manifestación anti-armas que tuvo lugar en Estados Unidos en marzo pasado, se pidieron varias medidas para mejorar la seguridad, pero no la prohibición total como pretenden algunos extremistas. En efecto, las propuestas apuntaban sobre todo a aumentar la edad mínima para la compra de armas y municiones, reforzar los controles psicológicos y de antecedentes penales de los posibles compradores, y prohibir las armas "full auto".

Suena lógico que quienes todavía no han alcanzado una madurez suficiente no deberían estar autorizados a la tenencia y mucho menos a la portación de armas, y lo mismo puede decirse de aquellos que estén sospechados de algún desequilibrio mental, por no decir los que tienen vinculaciones directas o indirectas con grupos violentos.

Ha habido casos de personas que antes de hacer sus atentados aparecieron en las redes sociales fotografiados con sus Bushmaster o Kalachnikov en poses intimidantes diciendo expresamente que iban a matar a todos sus compañeros del colegio donde estudiaban o de la empresa donde trabajaban, sin que el FBI ni las policías locales se preocuparan por investigar y prevenir.

La NRA defiende la tenencia por parte de civiles de fusiles de asalto con disparo automático habilitado, o fusiles de precisión en calibre .50 BMG u otros similares de alta potencia. En algunos Estados está permitido incluso el uso de silenciadores. Además, no existe un registro o base de datos donde se vincule al arma con su propietario en caso de tener que hacer un seguimiento luego de cometido algún delito.

Y realmente se puede entender, dejando de lado fanatismos en uno u otro sentido, que un civil tenga en su casa pistolas o revólveres, fusiles con sistema de repetición tiro a tiro, o escopetas y pistolones, porque todo está racionalmente justificado para diversas prácticas deportivas y hasta para la legítima defensa si se diera el caso. Se trata de derechos que ninguna legislación debería conculcar, ya que si bien la sociedad delega su seguridad en las fuerzas creadas para tal fin, a nadie se le puede prohibir el derecho natural a la defensa propia o de sus seres queridos en una situación extrema.

Pero no se ve una justificación lógica para tener ningún tipo de arma automática, ni anti-material, en manos de simples ciudadanos, incluso los que somos aficionados a la práctica del tiro deportivo. Tampoco se entiende la tenencia de silenciadores, que sólo se pueden aplicar a necesidades militares específicas o para asesinos que no quieren ser delatados por el ruido de la detonación.

Claro que hay países como Suiza, donde cada varón en edad de prestar servicio militar tiene en su casa, provisto por la nación, al menos un Steyr AUG con varios cargadores. Pero, como dijo alguna vez Borges, "Los argentinos no somos iguales a los suizos", y los estadounidenses tampoco, evidentemente.

Y aunque nos estamos circunscribiendo a lo que ocurre en el Norte, estas reflexiones tienen seguramente implicancias para nosotros en Argentina. Acá puede decirse que no hay locos que entren a disparar a mansalva en una escuela o shopping, al menos hasta ahora, pero tenemos una gran variedad de motochorros, drogadictos, narcotraficantes, patotas, sicarios, poliladrones, pirañitas y todas las modalidades delictivas que se puedan imaginar, cuyas acciones no son tan notorias en tanto no matan a mucha gente de una sola vez, pero en cambio lo hacen en un goteo constante que al fin de cuentas da una cifra mucho mayor de víctimas inocentes en poco tiempo.

De todos modos, cabe hacer la salvedad de que nuestra legislación no es en absoluto comparable a la estadounidense, ya que las restricciones que piden por aquellos lares las tenemos por los nuestros al menos desde 1976, y mucho más estrictas todavía. Lo que no impide, desgraciadamente, la proliferación de armas en un mercado negro que ningún gobierno nacional se ha propuesto desbaratar seriamente, recurriendo en cambio a la demagogia fácil de inventar prohibiciones y trámites burocráticos con aranceles prohibitivos para castigar a los legítimos usuarios.

Por eso conviene seguir insistiendo en que para evitar la proliferación de actos de violencia debe controlarse el ingreso de armas de contrabando, sobre todo de nuestro país hermano Brasil, donde existe una industria armera de muy buena calidad. O también aumentar los controles a nuestras propias Fuerzas Armadas y de Seguridad, así como a los depósitos judiciales, donde hay personal inescrupuloso que se dedica a hacer nefastos negocios introduciendo en las redes delictivas armamento reglamentario o incautado, que será usado justamente en contra de sus propios camaradas.

Haciendo un seguimiento de las noticias periodísticas, resulta muy lamentable comprobar que una gran parte de los crímenes ocurridos en nuestro país se comete con armas reglamentarias: casi todas las pistolas 9 mm. en poder de asesinos son distintos modelos de la Bersa Thunder 9 o de la veterana Browning HP35, incluyendo en muchos casos viejos revólveres en calibre .38 o pistolas sistema Colt en calibre .45 que eran de dotación respectivamente en las Policías y las Fuerzas Armadas de nuestro país hasta hace algunas pocas décadas.

Por supuesto que la solución contra la inseguridad no es que todos estemos armados y que cada uno se las arregle como pueda contra los delincuentes. Todos comprendemos que hacen falta políticas educativas y sociales que fomenten el respeto y la tolerancia mutuos, con la honradez como la única manera de ganarse la vida, en un ambiente pacífico, donde las armas existan sólo para recreación y deporte. Es a esas metas a las que debe aspirarse en el largo plazo. Pero en el corto plazo, e incluso en cualquier civilización real, siempre habrá inadaptados que preferirán enriquecerse rápidamente por medio del delito y no en base al trabajo digno y honesto.

Si los gobiernos entendieran estos conceptos, tal vez podrían llegar a otorgar mayores permisos de portación a los legítimos usuarios, como propone el presidente Donald Trump, en el convencimiento de que las armas, cuando se usan con racionalidad y dentro de los parámetros legales, ayudan a prevenir el delito, mientras que las restricciones fuera de toda lógica y sin atacar el tráfico o la compra-venta ilegal estarán siempre condenadas al fracaso y a dejar cada vez más desprotegidos a los compatriotas que eligieron ganarse la vida honradamente.

Bibliografía

1.La Nación. 30/03/ 2018. "Florida: tras la masacre, avanza la ley para armar a los maestros".
2.La Nación. 22/02/2018. "En medio del debate, Trump sugirió elevar la edad mínima para comprar armas".
3.Carlos Prosperi. 03/12/2015. "La tenencia legal de armas disminuye la delincuencia". www.fullaventura.com

Carlos H. Prosperi Dr. Biología - Lic. Filosofía
Socio Tiro Federal Córdoba 3845
Instructor de Tiro "B" 5876

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