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Quién no viajó alguna vez al Primer Mundo

Un hecho real que describe la inoperancia del estado.

Autor: Gerardo Cabrera Fecha de publicación: 18/07/2018

¿Quién no viajó alguna vez al primer mundo, o tiene algún familiar o amigo que lo hizo?

La imagen de organización, tecnología aplicada, respeto por el tránsito, civismo queda de repente sobre la mesa de las comparaciones y decimos: Allá no es como acá. Allá todo el mundo respeta las normas de tránsito. Si te haces el loco con la policía te bajan la caña. Allá en los aeropuertos no existen "abrevalijas". La licencia de conducir sirve como medio de identificación válida. Podría seguir enumerando en una lista interminable de situaciones en las que, nosotros o nuestro viajado interlocutor, describimos circunstancias tales como "allá la senda peatonal se respeta o un simple cartel de stop aunque no venga nadie". Y acaso este eventual comparador de las pampas tenga un historial de infracciones que haría preocupar por sus finanzas al mismísimo Bill Gates.

¿Pero qué comparamos? El primer mundo con Buenos Aires, claro.

¿Que sucedería si hacemos con Buenos Aires y alguna ciudad no tan distante del interior del país? ¿Acaso no es la Ciudad de Buenos Aires el "primer mundo" de Argentina?

COMPARACIÓN: Renovando licencia. Experiencia real.

El 14 de julio de 2014, fecha de mi cumpleaños, y a la usanza de la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires, debí renovar mi licencia de conducir. Para ello, unos días antes entré en la web y busqué requisitos para tal trámite. No me llevó más de diez minutos saber que se necesitaba. Sacar turno, informarme de infracciones, imprimir para abonar parte del trámite y obtener el link (enlace de la web) para participar de un curso online obligatorio, con preguntas interactivas.

Llegado el día fui a la sede elegida (¡por mí!) Pero para no abrumarlo con detalles le cuento: en cuarenta y cinco minutos tenía en mi mano una flamante, lustrosa, con olor a plastificado nuevo, con fotografía actualizada y vistosos hologramas de seguridad, licencia nacional de conducir. ¡Tomá primer mundo! ¡En Argentina también se puede!

14 de julio de 2018. Zárate, Provincia de Buenos Aires. Pasaron los años. Además de que la fecha indicó que estaba más viejo, llegó el momento de renovar la dichosa licencia de conducir.

Días antes busco en la web requisitos para la tramitación, pues como realicé cambio de domicilio, me corresponde obtener la licencia en esta ciudad. (Si, abandoné el primer mundo del infradesarrollo para vivir entre pajaritos, y mocosos jugando a la pelota en el medio de la calle).

Primera sorpresa (¿?) NO se dan turnos por internet. ¿Me mudé o viajé al pasado?

Segunda Sorpresa. Debía conseguir un CERTIFICADO DE LEGALIDAD de la licencia emitida por la Ciudad de B. As. Resulta que, cuando me para un control policial, los uniformados se dan cuenta si la licencia es falsa o no. Pero en la administración pública municipal no. Sorprendentemente, llamé al primer mundo y me la tramitaron por teléfono. Y mi señora pudo recogerla en un viaje a la ciudad de los piquetes. ¡Obstáculo 1, superado!

Tercera sorpresa. Es necesario según la web no tener infracciones (pero la jurisprudencia dice otra cosa) Miro mis infracciones en la agencia nacional de seguridad vial y dice que no tengo. Genial, es que hace mucho que no viajo a Entre Ríos y Corrientes. Entonces no tenía infracciones inventadas ¿No tenía?

Llegó el día. Y siguiendo el consejo de mis nuevos vecinos, fui antes del 14 de julio, no mucho en realidad fui el martes 11. Según lo observado en el cartel cuasi manuscrito de la puerta de la repartición pública, el horario de atención se inicia a las 07:00 AM.

SEIS MENOS CUARTO parado en la puerta y ya era el sexto de la fila. Quince minutos después ya éramos más de cuarenta.

A las 07:15 abrieron la puerta. 07:30 Atendieron al primero de la fila. Que salió corriendo a buscar algo que le faltó. Me toca la atención y muestro mis copias de documentos, los originales, certificados de legalidad, certificado de grupo y factor sanguíneo. Rápidamente la señorita que me atiende dobla las hojas en cuatro y las coloca en unas cajitas de corrugado plástico con un clip N° 8.

-Espere que lo llamamos.
Quince minutos después...
- ¡Cabrera!
- ¡Si acá estoy!
Extiende una fotocopia en un trozo de papel cortado a regla, con una anotación con birome y dice:
- Pague esto en la caja de la municipalidad y vuelva.

El inicio de la odisea.

Salgo rápido para en edificio municipal que queda enfrente, pero la entrada a la vuelta de la esquina. Unos cien metros. ¡Aleluya! La fila de personas a pagar no era superior a veinte personas. Tres cajeras adelante. Una, la de la derecha, mirando algo entre el piso y el techo. Las otras dos atendiendo en forma bastante ágil. Cuatro personas después? la frase menos esperada: Se cayó el sistema. Hay que esperar.

Conté las trece personas entre mi pago y el mostrador una veintena de veces. Y no, no se iba nadie. Casi media hora después, se activa todo y puedo pagar los $ 720. Muevo mis ciento treinta kilos rápidamente para continuar con el trámite.

-Señorita, ya relacé el pago.
- Bien. Tome asiento que ya lo llamamos.
Pocos minutos me llaman. ¡Bien! pensé, ¡vamos rápido!
-Tiene que hacerse el examen médico, por ese pasillo al final. Ingrese cuando salga el que está.
Trámite rápido. Me examinaron la vista. Para mi edad, 10/10 un fenómeno el gordito. Una persona me tomaba la lectura. Otra ingresaba los datos en la pc... bueno en el ámbito privado no somos tantos para tan poco, pero ya casi lo tenía (o eso creí)
- Tome asiento que ya lo llamamos.
Diez minutos...
- Cabreraaaa...
- ¡Acá estoy! ¡Vamos Argentina carajo!

Me siento en una silla con rueditas que tenía adosada una pantalla blanca a modo de fondo fotográfico. Veo cuatro escritorios adecuados así. Pero solo dos personas atendían.

- Le voy a sacar la foto.
- A ver? Claro, Ud. tiene un apellido muy común y eso traba el sistema.
- ¿Lo que? ¿Y si mi apellido fuera Pérez, García, González? ¿Lo hace explotar?
- Si, cuando el apellido es muy común nos bloquea el sistema por unas dos horas. Tome esto y pague en Brapropago o banco Provincia?
- Yo ya pagué.
- Si, eso era la tasa municipal. Esto son las tasas provinciales y nacionales.
- ¿Y porque no me dieron todo junto...? Ok... me voy a pagar.

No me animé ni a preguntar, ni pensar. Salí corriendo. A cuatro cuadras un servicio de cobro de BaproPagos. Llego, una señora bajita me da un número D39. Espero ser llamado. Junto al número un papelito donde se advertía que la casa tiene un límite de recaudación, y que al llegar a este, se deja de atender, aunque se tenga el número en la mano. El que avisa no traiciona.

Si, luego de esperar durante una hora y media, y con el cartel luminoso llamando al D35, casi a cuatro de mi numerito, una de las dos cajeras dijo:

- Atiendo al señor (por otro señor, no a mí) y no atiendo más.
¡A lo que su compañera agregó: - Yo tampoco!
- Eh!!! Ahh! ¿Y ahora?
- En el centro de comercio señor.

Casi el mediodía zarateño y este cuerpito cruza la plaza del centro, dejando atrás a posibles competidores de turno para llegar antes a sacar el numerito de atención. Este fue el D20. Espero un rato y veo que la cosa viene lenta. Pero en el papelito estaba el logo del Banco Provincia. A solo tres cuadras, yo me tiro el lance. Aquí como todo banco que se precie me encuentro con una pintoresca terminal de autogestión de turnos. Elijo, "no clientes"," Sector cajas" Imprimió un ticket, W3.

Me siento a esperar observando casi sin pestañar el monitor. Cinco cajas supuestamente activas, veinte minutos, ocho clientes atendidos. Le pregunto al vigilador con cara de mirar chicas bonitas de reojo y algún celular encendido, si sabía de la demora. Apenas vio mi número observo.

- No amigo, usted en un NO CLIENTE. Como a las tres lo van a atender (textual)

Sin dudar regreso al centro de cobro anterior. Miro cartelera y noto que aún me faltan unos ochenta números. Aún con mi número D20 en el bolsillo, respiro hondo como cargando las baterías de la paciencia, y me dispongo a esperar.

El lugar es un entrepiso inferior, muy amplio. Un poco mas de doscientas personas están a la espera de ser llamados para pagar impuestos, servicios, tasas. Las caras muestran estados de resignación, otras claramente ansiedad, bronca, paro la más común es la de impotencia.

Casi las 13:00 horas. Aún restan cuarenta números ser llamados. Recuerdo que mi licencia, la que vence en tres días, está en poder del personal del municipio. Si no me atienden se quedará ahí y yo debo atravesar la ciudad y recorrer algunos kilómetros hasta mi casa. En el camino siempre hay operativos policiales y de prefectura. De esos que paran y llenan planillas para mostrar a sus jefes: Pero nunca detienen a un delincuente. Debo buscar mi licencia.

Nuevamente corro, literalmente, hasta las oficinas. Casi sin aliento le explico a la señorita que me es imposible pagar, que necesito mi licencia, que trataré de pagar, que no es que no quiera... me encontré de repente sintiendo culpa por algo que es ajeno a mi.

- No se preocupe. A todo el mundo le pasa lo mismo.
Dijo la funcionaria con evidente alivio de que estaba frente a alguien que no la iba a insultar.
- Venga mañana y le generamos nuevamente los papeles para pagar.
- ¿Hasta qué hora atienden hoy?
- 13:30. (Aunque el cartel indicaba 14:00)

Mafalda - Quino

Licencia en mano vuelvo al limbo, perdón al centro de cobro. Para ese momento ya habían pasado veinte minutos. Sorpresivamente, y en forma totalmente esperable, los números de cartelera avanzan uno tras otro por ausencia de personas que se retiraron. Seguramente por cuestiones realmente urgentes que hacer, trabajos a los que volver, niños a retirar de escuelas, y esas cuestiones que hacen a las obligaciones diarias que poco conocen los funcionarios que diseñan las normas y procedimientos.

Una breve charla con mis nuevos amigos de trámite, comentando las vicisitudes de la administración pública. Dee repente en el cartel de led rojo, se lee D20 CAJA 5. Increíblemente era mi número. Con el cambio justo, preparado desde el primer centro de cobro, pago mis $ 344. Y llego a las 13:35 a la oficina de licencias del municipio de la ciudad de Zárate. Es que a pesar de que me habían informado que el horario era hasta las 13:30, mis nuevos compañeros de trámite me advirtieron que en realidad es hasta las 14:00. Tal como versaba el cartelito de la puerta.

Con cara de póker (¿Existe esa cara realmente?)
- Señorita, pude pagar finalmente. Puedo terminar el trámite.
- Ehh, ahh, bueno... mire? el sistema no anda... se cayó... no funciona. Venga mañana y no haga la fila...

¿Discutir? ¿Reclamar? Todos sabemos que pasa si un empleado público se enoja corremos que nuestro trámite salga mal, no salga, se demore.

La paciencia necesita recarga, respiré muy hondo. Tanto que sentí calor en los pulmones.

Al día siguiente regresé. Obviamente no tan temprano. Sería las 8:00 AM cuando nuevamente me presenté y pedí, así sin más, seguir mi trámite. La funcionaria revisó la documentación de su cajita de corrugado plástico y dictaminó:

- Tome asiento que ya lo llamamos.
Quince minutos? Cabreraaaa?.
Me siento en la misma silla con el plástico adosado del día anterior. La funcionaria teclea un par de datos.
- Mire la cámara. Listo.

Carta sorpresa. Me muestra unos papeles donde dice que tengo infracciones de tránsito del año 2015 en las localidades de Campana y Don Torcuato...

-Pero yo miré por la web y no me informó nada.
- No se señor. Esto figura acá. Y tiene que arreglarlas porque a futuro le puede bloquear la licencia.

Que podía decir. Víctima de esa extraña persecución de los políticos recaudadores. Ya me había liberado de las falsas multas de Entre Ríos. Pero no puedo liberarme de otros lugares.

Resulta que desde el año 2014 en adelante, siempre paso por esas localidades. No soy de los que andan cometiendo infracciones a cada rato. La prueba es que solo en un segmento del año 2015, y en un solo día cuatro infracciones de la veintena inventada. Las quejas que se escuchan a diario al tramitar la licencia son incontables.

La funcionaria terminó pidiendo disculpas por lo acontecido y accidentado de mi trámite. Ella al igual que cada uno de los ciudadanos que pasamos por ese tortuoso momento burocrático, somos víctimas por igual.

El estado, muestra a las claras, en cosas simples que es incapaz de ser eficiente. No está en su naturaleza. Los políticos que estamos obligados a elegir entre las opciones no son proactivos ni ven la necesidad de agilizar, de reducir gastos, de facilitar la vida a la gente.

Para retirar mi nueva licencia debía ir días posteriores en el acotado horario de 12:00 a 14:00. Le di a mi esposa el DNI, la licencia a vencer para que la retire ella.

Manejé hasta mi trabajo 120 km, ida y vuelta indocumentado porque el estado idiota, se cree el ombligo de la vida de la gente.

Resumiendo. No es lo mismo tramitar en la Ciudad de Buenos Aires que en el interior. La perdida de tiempo en el circuito de los trámites muestra la falta de idoneidad en la persona responsable de la organización y método.

El estado es incapaz de agilizar la burocracia en la emisión de una simple licencia de conducir. El estado es inoperante, ineficiente.

Aquellos que ponen al estado como una entidad que todo lo puede, hasta controlador de las conciencias; son los mismos que proponen y afirman que la seguridad es su potestad.

El relato es real. Me pasó. Lo viví. Lo padecí.

Gerardo Cabrera Lic. en Sociología
Lic. en Administración de Empresas

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