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La bala Minié y su Historia - Primera Parte

El porqué de su trascendencia histórica en el ámbito Militar y en la Medicina de Guerra

Autor: Oscar Enrique Vanzetti Fecha de publicación: 01/04/2016

Si el concepto de historia implica la noción de ser la ciencia social que se encarga de estudiar el pasado de la humanidad y, dentro de ella, a hechos que realmente tuvieron lugar o sea que ocurrieron de manera fidedigna, y que a posteriori producirían resultados o consecuencias cuyos efectos repercutirían sobre dichos individuos, la bala Minié, sin duda alguna, merece contar con destacado lugar dentro de dicha ciencia y ocupar un espacio singular dentro del gran libro de la historia de las armas de fuego, por los varios motivos que expondré a continuación.

Antes de entrar de lleno al tema que motiva esta nota, creo conveniente referirme brevemente, a manera de introducción, sobre algunos aspectos importantes de la historia de la evolución de las armas de fuego y sus municiones.

Según algunos autores la mención más antigua de la posible utilización de armas de fuego sería hacia 1241 en la batalla de Liegnitz (también llamada batalla de Legnica), que tuvo lugar cerca de la ciudad homónima en Silesia (actual Polonia), entre polacos y silesianos contra los tártaros (grupo étnico de origen túrquico que residía originariamente al sur de Ucrania y al este de Rusia). Pero consta fehacientemente que las armas de fuego, lógicamente rudimentarias, fueron utilizadas en la batalla de Crecy en 1346, ciudad ubicada al norte de Francia.

Será recién hacia 1381que comenzarían a utilizarse armas portátiles provistas de mangos o soportes rudimentarios, transformándose en las arcaicas armas de fuego que hoy son conocidas como cañones de mano.

Hacia los comienzos del siglo XV aparecen las armas largas de avancarga, llamadas así porque se cargaban por la boca de fuego, a los cuales se los denominó arcabuces, que después de una larga evolución y perfeccionamiento contaban con el sistema de encendido a mecha. A mediados del siglo XVI el arcabuz es reemplazado por el mosquete, de mayor peso y calibre, cuyos disparos podían perforar las gruesas armaduras de los caballeros de la época. Este sistema de encendido, o sea el mecanismo que permitía inflamar a la pólvora negra (o pólvora con humo) contenida dentro de la recámara del arma, va perfeccionándose con el paso del tiempo, hasta que se comienza a utilizar, aproximadamente entre 1610 y 1640 el sistema a pedernal o a chispa para producir el disparo, si bien se pueden mencionar que le antecedieron otros sistemas de encendidos parecidos pero con diferentes denominaciones, sistema que fuera utilizado por casi 200 años. Es en esta época cuando al arma larga se la comienza a llamar fusil, término que deriva del vocablo "focile" que significa pedernal. Finalmente, hacia1807, habiéndose descubierto algunas sustancias o mixturas nuevas y de características explosivas a las que se denominaron fulminantes, comienzan a ser utilizadas para el encendido de la pólvora contenida dentro de la recámara del moquete o fusil para producir el disparo, llegándose finalmente hacia comienzos del siglo XIX, más precisamente entre 1808 y 1814, a la aparición de la denominada cápsula fulminante, la que permite el desarrollo y creación de la denominada llave de percusión, constituyéndose en el primer sistema de ignición externa de la pólvora extremadamente eficaz, siendo adoptado prácticamente por todos los ejércitos importantes de la época entre 1840 y 1860 lo que, además, serviría de basamento para el desarrollo de posteriores sistemas de encendido más avanzados que, con la ulterior evolución de la ciencia y de la tecnología aplicada a las armas de fuego y a sus municiones, hizo posible alcanzar los actuales estándares de calidad y eficacia en éstas complejas y precisas máquinas creadas por la inteligencia humana.

Pero es necesario destacar que en su gran mayoría (o en casi todos) los antiguos fusiles de avancarga (al igual que en las armas de puño de esa época) con sistemas de disparo por encendido a chispa o a percusión, y en los cuales se utilizaba a la pólvora negra como propelente, el interior del cañón del fusil llamado ánima o alma era de superficie lisa, o sea que el interior del cañón no poseía estrías o rayas como en las armas de fuego actuales.

En estas armas de avancarga, mosquetes o fusiles, se prefería el ánima lisa a fin de hace más fácil y rápida la carga y el disparo, especialmente durante el combate, siendo la bala utilizada en ellas de formato esférico y de plomo endurecido, en calibres grandes que oscilaban entre los 17 y los 18 mm (.67 y .71 centésima de pulgadas, respectivamente), dimensiones que eran iguales o algo inferiores al real diámetro del interior del cañón, para facilitar la carga del arma. Estas balas, al ser disparadas, se transformaban en proyectiles de trayectorias erráticas y muy imprecisas, lo cual hacía prácticamente imposible impactar a un blanco si no se estaba muy cerca del mismo, motivo por el cual el empleo de las miras y la puntería no aportaban ninguna mejoría en el tiro, siendo por ello que estas armas no contaban con aparatos para apuntar. Además, los abundantes residuos que dejaba la pólvora negra después de realizados numerosos disparos, hacían que la carga del arma fuese aún más dificultosa y lenta, problema que se incrementaba en el soldado novato que estaba bajo fuego.

Debido a la mentada falta de precisión y alcance del proyectil esférico, las cargas de infantería se hacían con los hombres dispuestos en filas unos al lado de otro, codo a codo y hombro con hombro, disparando sus mosquetes a corta distancia del enemigo y en gran número, o sea disparos en masa, con el fin de obtener algún efecto dañoso sobre el enemigo, el cual se hallaba formado del mismo modo.

Esta bala redonda o bola, durante el disparo, al existir un ínfimo espacio entre la superficie del ánima y la del proyectil hacía que los gases, producto de la deflagración de la pólvora, se colaran por ese intersticio dando origen al llamado viento balístico, haciendo que la bola chocase contra el ánima en diferentes puntos que variaban en cada tiro, permitiendo con ello que el proyectil tuviese un movimiento inestable dentro del cañón a medida que avanzaba hacia la boca de fuego, lo que contribuía grandemente a la falta de precisión y concentración de los proyectiles.

Según González Fernández "el problema de la bala esférica estaba en su forma ya que no siempre era exactamente redonda y por lo tanto el centro de la figura (N del T: es el punto sobre el que se considera que actúa la resultante de las fuerzas de la resistencia del aire a su avance) que no coincidía con el centro de gravedad de la misma (N del T: o baricentro, que es el punto donde se considera concentrado el peso del proyectil), ya fuese por problemas de fabricación, por choques entre ellas en la cartuchera del soldado o por la deformación originada por los golpes de baqueta, durante el acto de carga. Al abandonar la boca de fuego del arma, la falta de coincidencia de ambos centros hacía que la bala se desequilibrara tomando un movimiento giratorio anormal, creándose en consecuencia un tiro impreciso y errático". (Ver figura nº 1)

FIGURA Nº 1: Bala esférica donde coinciden (marcado con una cruz) el centro de gravedad C y el centro de la figura c' (Tomado de Gonzalo Fernández: Los proyectiles y sus efectos de. Tomo II).

Estas grandes y pesadas bolas de plomo endurecido solían producir heridas letales al impactar un cuerpo humano, pero a un soldado de infantería le era bastante difícil hacer blanco a un enemigo más allá de las 75 yardas (68 m) lo que sucedía incluso en soldados adiestrados, y a unas 300 yardas (274 m) de la boca de fuego del fusil los proyectiles habían perdido la mayor parte de su energía cinética y de su capacidad letal.

Figura en la historia de los Estados Unidos que durante la Guerra de la Independencia (1775 - 1783), en la noche del 16 de junio de 1775, en la llamada batalla de Bunker Hill, en la cual los británicos trataron de romper el asedio que los patriotas habían llevado a cabo en torno a la ciudad de Boston, el coronel americano William Prescott, debido a la escasa cantidad de pólvora que poseían para mantener un fuego prolongado, ordena a sus soldados a no disparar sus mosquetes a chispa y de ánima lisa "hasta que a los soldados enemigos ingleses se les viera el blanco de sus ojos", o sea aproximadamente a los 50 pies de distancia (aproximadamente 15 metros).

Como es evidente, este sistema era el adecuado para las tropas de infantería de ese tiempo cuya misión era mantener una cadencia de tiro lo más elevada posible, cosa que solo podían conseguir con los mosquetes de ánima lisa que les permitían efectuar tres o cuatro disparos por minuto.

"Algunos relatos de militares de la época nos pueden ayudar a comprender mejor la importancia de la poca fiabilidad en la precisión y alcance de los fusiles de ánima lisa, con sistema de encendido a chispa o pedernal y que disparaban bolas de plomo. Sir James Emerson Tennent (1804-1869), en su obra "La historia de las armas" publicada en 1864, señala que en la batalla de Los Arapiles, (también conocida por los ingleses como Battle of Salamanca), que fuera uno de los enfrentamientos más importantes de la Guerra de la Independencia española y que se libró contra las tropas de Napoleón en el municipio de Arapiles, al sur de la ciudad de Salamanca, el 22 de julio de 1812, se produjeron unas 8.000 bajas francesas para lo cual fue necesario disparar alrededor de tres millones y medio de cartuchos, lo que significa que para abatir a un soldado francés eran necesarios alrededor de 437 disparos. El general Jean-Jaques Gassendi (1748-1828), Inspector General de Artillería, aseguraba que eran precisos unos 3.000 disparos para detener a un enemigo.

O sea que, como podemos ver, era una opinión generalizada de que la rentabilidad de los mosquetes de ánima lisa era muy pobre. El coronel Schlimmbach, de la artillería prusiana, expresaba esto mismo pero de forma más expeditiva, muy en la línea con sus compañeros germánicos: para dejar fuera de combate a un enemigo era preciso su peso en plomo y diez veces su peso en hierro. En definitiva, era muy costoso incapacitar al adversario y, para colmo, las descargas cerradas contra los cuadros de infantería enemiga que avanzaban a pecho descubierto hacían mucho ruido pero el resultado era pobre. De ahí que se considerara por algunos autores de que el arma que verdaderamente determinaba las batallas en aquella época fuese la bayoneta".

Este grave problema en las armas que se cargaban por la boca (muzzle-loaders, en inglés) y que utilizaban balas esféricas de plomo y cañones de ánima lisa se intentó solucionar de diferentes formas, tratándose por cuantiosos procedimientos de disminuir el efecto pernicioso del viento balístico. Uno de ellos consistía en envolver la bala con un trozo de tela engrasada o de piel muy fina, material denominado por algunos autores como parche o calepino, lo que aportó alguna mejoría en la precisión del tiro, pero que no fue suficiente.

Aproximadamente entre 1826 y 1828 un oficial del ejército francés llamado Henri Gustave Delvigne inventa un fusil con una recámara de diámetro menor al resto del ánima, ya que ésta se estrechaba bruscamente a ese nivel permitiendo que la bala esférica se deformare con los golpes de la baqueta. Al deformarse, la bala aumentaba su diámetro y se adaptaba mejor al verdadero diámetro del ánima con el objeto de disminuir el viento balístico. Pero la deformación de la bala era irregular e incompleta, lo que incidía negativamente en la precisión de cada disparo.

FIGURA Nº 2: Corte esquemáticos de una recámara tipo Delvigne y vista de la bala deformada. (Tomado de: CIMARELLI A. G.: Quattro secoli di arma da fuoco).

Pero los inconvenientes mencionados precedentemente no desaparecen totalmente y sigue la preocupación de numerosos interesados para tratar de resolverlos. Es así que más adelante, en 1844, otro oficial francés llamado Louis Etiénne Thouvenin crea un fusil con una recámara de diámetro normal pero dejando en su centro una espiga o varilla que sobresale dentro de la recámara. (Ver figura n° 3)

Una vez introducida la bala esférica en el cañón se la hacía asentar sobre la espiga y luego se la deformaba con varios golpes de baqueta, lo que permitía aumentar su diámetro y, de esta forma, se aplastara contra la cara interna del cañón. Con este procedimiento se corrigió algo la precisión y alcance del disparo. Pero este sistema presentaba un problema, ya que la bala no se deformaba de manera uniforme y la mencionada varilla se doblaba o rompía con bastante facilidad.

FIGURA Nº 3: Esquema de una recámara sistema Thouvenin. (Tomado de: CIMARELLI A. G.: Quattro secoli di arma da fuoco).

Posteriormente el capitán francés Henri Gustave Delvigne reemplaza la bala esférica por una bala de plomo con el cuerpo cilíndrico y la punta cónica (ver figura nº 4), con un surco en su cuerpo (luego las fabricarían con varios de estos surcos) lo que favorecía el forzamiento de la misma en el acto de cargar el arma por la boca y, además, por su forma puntiaguda, el proyectil vencía con mayor facilidad la resistencia del aire durante su trayectoria por la atmósfera, perteneciendo el estudio de tales problemas a la parte de la Balística llamada Balística Exterior.

Si aplicamos nuestros conocimientos actuales de balística vemos que aquí, al privilegiar la forma puntiaguda y más aerodinámica de la bala, se comenzó a considerar las ventajas del actualmente denominado coeficiente balístico, el cual le permite a un proyectil de punta aguzada y con un formato aerodinámico, vencer con mayor facilidad la resistencia que le opone el aire a su avance, resistencia que en Balística es llamada retardación.

FIGURA Nº 4: Bala cilindro-cónica creada por Delvigne (Tomado de Gonzalo Fernández: Los proyectiles y sus efectos. Tomo II).

Estos inventos, si bien también otros armeros de esa época habían desarrollado diferentes proyectos con el mismo fin pero que no los mencionaré, significarían un marcado adelanto en la mejora de la precisión y alcance de los fusiles militares de ese tiempo, motivo por lo cual son adoptados por los ejércitos de varios países europeos. Además significaría la aparición y adopción de las balas cilíndrico-ojivales.

El mismo Delvigne probó balas de formas diferentes a fin de estudiar su comportamiento: una cilíndrico-ojival (A), otra cilíndrico-cónica (B), las cuales se vieron superadas por la bala ojival (C) diseñada por el capitán François Tamisier, la cual iba provista además de unas estrías o acanaladuras exteriores que, al mismo tiempo de facilitar la toma de las estrías, permitían engrasar la bala. Esto no solo mejoraba la introducción de la misma por la boca del cañón sino que, además, servía para eliminar los residuos depositados en las estrías por el disparo anterior.

FIGURA N° 5: Balas probadas por Henri Delvgine (Tomado de: Las balas Minié y sus terribles efectos. 1ª parte).

"Durante la época de la pólvora negra los proyectiles se confeccionaban con un diámetro de algunas milésimas de pulgada menor que el ánima tomado en la profundidad de las rayas; por lo que, para asegurar la toma de las mismas, era necesario obtener una expansión de la base, lo que dio lugar a diversos artificios ya vistos. Estos proyectiles "de base expansiva" requerían de aleaciones blandas".

"El plomo puro no es adecuado para su confección por ser demasiado blando, ya que el proyectil no resiste la torsión impuesta por el rayado, desgarrándose con facilidad, lo que, alterando su forma y equilibrio perjudica la acción del tiro y emploma el cañón".

A veces el plomo de la bala podía estar aleado con antimonio en bajo porcentaje para aumentar la consistencia, pero conservando siempre las características de maleabilidad y plasticidad.

A fin de tratar de evitar los graves inconvenientes de la falta de precisión de los proyectiles de los fusiles, como los antes mencionados, entre 1848 y 1849 (para otros autores entre 1850 y 1851) el capitán del Ejército Francés llamado Claude Etiènne Minié, inspirado en los avances de Delvigne, inventa una bala de cuerpo cilíndrico y punta ojival con un diámetro algo menor al del ánima del cañón (calibre), originalmente con cuatro estrías exteriores que se rellenaban con grasa u otra sustancia lubricante, pero que en su base tenía una cavidad de forma cónica, parecido por su forma a un pequeño dedal. En la base de esta cavidad Minié colocó una especie de cuña o planchuela metálica. (Ver figura nº 7)

FIGURA N° 6: Claude Etiénne Minié (1804-1879).

En la base de la bala, y lógicamente sobre la mencionada planchuela, los gases producidos por la deflagración de la pólvora ejercían una intensa presión, de modo que lo introducían cada vez más profundamente en la cavidad mencionada haciendo que la base de la bala se ensanchara y permitiera con ello adaptarse más fácilmente a las paredes del ánima y así tomar mejor las estrías helicoidales del cañón. Este modo de fabricar los cañones rayados de forma helicoidal ya se había generalizado en esos tiempos, pero la carga con balas esféricas en estos fusiles de ánima estriada se debía hacer, forzosamente, con fuertes golpes de baqueta lo que disminuía la rapidez en hacer fuego.

FIGURA Nº 7: A, B y C. Bala Minié. Esquemas que muestran como en el taco se va introduciendo en la cavidad y la base se ensancha. (Tomado de: Los proyectiles y sus efectos, de G. Fernández. Tomo II).

Se trataba, en suma, de una bala cilindro-ojival (que algunos mencionan como cilindro-cónica) dotada de una base ahuecada que, además, poseía unas acanaladuras o bandas laterales (como la bala desarrollada por el armero Tamisier) que podían llenarse con una sustancia lubricante. Además, esta bala o punta estaba fabricada con un plomo blando, según algunos autores sin aleación de antimonio, estaño o zinc, a fin de que pudiera tomar con más facilidad el rayado del arma. Pero esta blandura también hacía que el proyectil se deformara con mayor rapidez al momento del impacto sin que fuese necesario que lo hiciera contra superficies muy resistentes, pudiendo así aumentar hasta tres veces su diámetro normal (o más, según algunos autores) especialmente si impactaba contra una superficie de relativa dureza como ser el uniforme, correajes y principalmente el tejido muscular u óseo del soldado, lo cual incrementaba la gravedad de las lesiones del herido, tanto en los tejidos blandos (músculos) como en el tejido óseo, y con ello la posibilidad de lograr una expeditiva incapacitación inmediata o la muerte.

Se crea así la bala de base expansiva, la cual seguiría evolucionando debido a las mejoras que le introducen posteriormente otros dedicados investigadores de esa época y también el mismo capitán Minié, quien posteriormente construye un fusil especialmente diseñado para disparar la bala que llevaba su nombre.

Finalmente se dejó a la bala Minié con una cavidad basal de forma cóncava y sin ningún complemento agregado, ya que la sola presión de los gases era suficiente para producir la dilatación de la base permitiéndole así una buena toma de las estrías del cañón. Además, en otros países, la bala Minié se fabricó con otras características o modificaciones.

"Una investigación posterior demostró que la cuña podía ser eliminada y que la sola acción de los gases sobre la base hueca era suficiente para expandir la base y sellar el ánima".

Estas balas cilindro-ojivales Minié variaban en tamaño (calibre) y peso (masa), pero por lo general estos se disponían entre los .54 y .58 centésimas de pulgadas (13,7 y 14,7 mm, respectivamente) y los 29,1 y 35 gramos (449,08 y 540,13 grains, en ese orden).

Debido a la mejor oclusión del ánima del cañón que se lograba con la buena toma de las estrías por la dilatación de la base de bala Minié, se logra disminuir considerablemente el viento balístico, el movimiento errático del proyectil dentro del cañón y, además, permitía un considerable aumento de la velocidad inicial del misil a nivel de la boca de fuego (que se puede representar con la sigla Vo), motivo por el cual se pudo disminuir el peso de la bala lo que, en consecuencia, llevaría a una reducción del calibre de los fusiles que, hasta aquella época, oscilaban entre los 17 y los 22 mm (aproximadamente 0,67 y 0,87 centésimas de pulgadas), con el consiguiente ahorro de plomo y pólvora que podía llegar a ser una reducción igual a la mitad de la carga de pólvora negra utilizada para disparar una bala esférica en un fusil de cañón liso, lo que se traducía, también, en un menor retroceso del arma.

Esta reducción del peso de la bala significó, como dijera antes, un acrecentamiento de la velocidad inicial del proyectil, la cual oscilaba entre los 350 y los 380 m/s (1148,29 y 1246,72 pies por segundo o pps, respectivamente)

Como podemos apreciar, se comienza a tener en cuenta la parte de la Ciencia Balística que estudia los eventos producidos dentro del cañón del arma durante el tiro, lo cual en las divisiones de la Balística General recibe el nombre de Balística Interior.

"El aumento de la velocidad inicial suponía, como es lógico, una mayor energía cinética. Esto, trasladado a niveles prácticos, se traducía en unos proyectiles muchísimo más mortíferos que las balas esféricas tradicionales. Las balas Minié fueron, sin quererlo, las precursoras de las conocidas Dum-Dum, y los testimonios que nos han llegado de los conflictos que protagonizaron antes de caer en la obsolescencia por la llegada de la munición metálica de retrocarga, son escalofriantes".

Esto, en la práctica, constituía un aumento del alcance efectivo del misil, pasando de los escasos 100 metros de una bola de un mosquete de ánima lisa a alcanzar los 400 metros o más con un fusil de ánima estriada que utilizara la bala Minié.

Algunos autores dicen que por la caída que podía tener la trayectoria de una bala esférica disparada por un mosquete de ánima lisa del ejército inglés, para tirar a 600 yardas (unos 549 metros, aproximadamente), se debía apuntar a unos 40 metros sobre el blanco. Sin embargo, un fusil de ánima estriada con bala Minié era capaz de colocar a esa misma distancia cinco tiros en un blanco de 50x50 cm.

Con estas balas cilindro-ojivales, Minié logra que tuviesen la misma masa (o peso, que en realidad para la Física no son iguales) que los proyectiles esféricos o incluso, de ser necesario, que éste pudiera incrementarse con sólo aumentar la densidad del material empleado en su construcción o la longitud del cuerpo cilíndrico sin acrecentar el calibre o diámetro de la bala, tal como sí se debía hacer con las balas esféricas, o también disminuir dicho peso acortando la longitud de la misma sin modificar el calibre. Logra así, Minié, una bala expansiva que poseía una adecuada densidad seccional (lo cual está relacionado directamente con el peso del proyectil y su calibre) y que, por lo tanto, le permitía obtener una buena capacidad de aceleración dentro del ánima y también poder conservar mayor velocidad y energía cinética a una distancia mayor que las bolas que disparaban los mosquetes de ánima lisa.

Con respecto a los términos masa y peso, para aclarar al lector, en las ciencias físicas se definen en forma clara como medidas distintas para promover la claridad y precisión, ya que la masa es una medida de la cantidad de materia que posee un cuerpo y no cambiará de valor sea cual fuese la ubicación que un objeto tenga sobre la superficie de la tierra (la bala y el proyectil, en nuestro caso ), mientras que el peso es una medida de la fuerza que es originada por acción del campo gravitatorio sobre el cuerpo, o sea la fuerza de gravedad, y puede variar según el lugar que ocupe dicho cuerpo sobre la superficie terrestre, aunque en la realidad dicho cambio sea ínfimo. En el uso cotidiano, dado que todas las masas en la Tierra tienen peso y que esta relación es por lo general altamente proporcional, el peso a menudo sirve para describir ambas propiedades.

FIGURA N° 8: Balas tipo Minié.

Otra ventaja de esta nueva bala es que podía cargarse con mayor facilidad y rapidez en los fusiles de avancarga con cañones rayados que estuviesen sucios por restos de plomo o, principalmente, por el depósito de residuos que dejaba la pólvora negra al quemarse y, además, al no deformarse la bala durante el procedimiento de carga por los golpes de baqueta, su eje longitudinal se mantenía coincidente y centrado con el eje del ánima sin hacer variar su centro de gravedad, con lo cual se favorecía una mayor precisión del tiro. Para la carga de esta nueva bala se utilizaba una baqueta metálica con una punta ensanchada o acampanada, con una cavidad de formato ojival para no deformar el nuevo tipo de punta.

"El ánima rayada ya se conocía desde la época de Maximiliano I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1459 -1519), dándosele al estriado un paso helicoidal a fin de obtener una mejor regularidad de la trayectoria y precisión, pero si bien la bala podía estar envuelta por un parche o calepino de tela o piel, era necesario, en estos fusiles rayados, forzar el pasaje de la bala con la baqueta y unos golpes de mazo a fin de que ella pudiera tomar el rayado del cañón, todo lo cual hacia la carga lenta y fatigosa".

FIGURA N° 9: Vista de la boca de fuego de un fusil rayado que utiliza la bala Minié y de la baqueta de carga mostrando la cavidad conoide de su extremo acampanado.

El proceso de carga de estas armas largas de ánima rayada que utilizaban un cartucho de papel conteniendo una bala Minié, en general, era bastante rápido, similar al de un mosquete con ánima lisa.

En realidad en el cartucho de papel éste cumplía la función de vaina, ya que era un tubo que contenía en su interior a la pólvora negra, en un extremo a la bala cilindro-cónica de plomo y el otro extremo cerrado. El soldado, para cargar, debía romper la base de la vaina con los dientes, volcar la pólvora dentro del cañón y luego introducir la bala junto con el papel, empleando la mencionada baqueta metálica.

FIGURA Nº 10: Cartucho mostrando a la bala Minié (arriba), estando en el otro contenida en interior de un cartucho de papel completo (abajo).

La nueva bala perfeccionada por Minié se hizo rápidamente popular en el ámbito militar por su innovadora practicidad y beneficios, siendo adoptada por ejércitos de otros países como EE.UU y Gran Bretaña que comienzan a fabricar fusiles aptos para disparar este tipo de munición, adoptando algunos nuevos desarrollos de ese tiempo ya que, aproximadamente hacia 1860, se comenzó a utilizar el acero en la construcción de cañones para fusiles.

Con este nuevo armamento y proyectil Gran Bretaña logra, con gran éxito, obtener una clara victoria sobre las tropas rusas en la guerra de Crimea. Este conflicto bélico se desarrolló en la península homónima situada en el mar Negro, entre octubre de 1853 y febrero de 1856, en el cual participaron las alianzas del Reino Unido con Francia, el Imperio otomano, el Reino de Piamonte y Cerdeña, contra el Imperio ruso. Las tropas británicas usaron cartuchos de papel con la bala Minié en sus fusiles a percusión y de ánima estriada, lo cual significó el bautismo de fuego de este tipo de munición, mientras los rusos y turcos emplearon mosquetes con sistema de encendido a pedernal con cañones de superficie interior lisa y una bala esférica de 17,4 mm. También las tropas francesas logran supremacía contra el enemigo al emplear carabinas a percusión Miné, con ánima rayada y empleando la bala del mismo nombre.

Se puede decir que es en esta guerra de Crimea donde se usaron por última vez mosquetes a chispa y con ánima lisa.

FIGURA N° 11: Fusileros del 68º Regimiento de Infantería Ligera de Durham, en Crimea.

La táctica militar de esa época consistía en grandes masas de soldados que avanzaban hacia el enemigo formando extensas líneas, uno al lado del otro, con un oficial a la cabeza de la formación, tal como hacían unos cien años atrás los grandes ejércitos ingleses o franceses del periodo napoleónico, realizando disparos a muy corta distancia con sus mosquetes de ánima lisa, cargados con pólvora negra y balas esféricas. Esta forma de hacer la guerra ahora comenzará a hacerse obsoleta y las autoridades de las diversas fuerzas armadas más importantes de ese momento comenzarían a pensar sobre un cambio en las tácticas y estrategias militares.

Aquí es donde, para Inglaterra, la bala Minié en los fusiles con cañones rayados demuestra claramente su superioridad, ya que las compactas formaciones de soldados de infantería enemiga que avanzaban en grandes y extensas filas, como antes describiera, eran fácil presa de los fusiles ingleses de mayor alcance y precisión, sucediendo lo mismo con las tropas de caballería y los servidores de cañones (artilleros), los que tuvieron que situarse a mayores distancias del fuego enemigo de la que estaban acostumbrados hasta ese momento.

Puede servirnos, para una mayor ilustración sobre estos hechos, lo expresado por un corresponsal del periódico Times, de Londres, quien escribió: "la bala Minié es el rey de las armas... las descargas con este tipo de proyectiles Minié con hendidura "desparraman" a los soldados rusos como si fuese la mano de un ángel destructor".

Como resultado comenzaron a irrumpir en los campos de combate los disparos a larga distancia, los tiradores especiales y el uso de trincheras como medio de protección.

FIGURA N° 12: Soldados ingleses dispuesto en una característica línea de combate durante las guerras del siglo XVIII, conocida como "la delgada línea roja" (The thin red line). Pintura de Robert Gibb, de 1881.

Creo pertinente aclarar al lector que no se debe confundir el significado del término bala con el que corresponde al sustantivo masculino proyectil. A veces se alude a éste último con el anglicismo tecnológico "misil".

Pero en América del Norte se libraría una cruenta guerra donde la bala Minié utilizada en fusiles de avancarga con ánima rayada, también demostraría sus terribles efectos en el cuerpo de los heridos. Sería la llamada Guerra Civil Norteamericana o Guerra de Secesión (1861-1865), donde los ciudadanos de ese país estaban divididos en dos grandes grupos o facciones: el Norte, cuyos soldados serían conocidos como "norteños o de la Unión", y el Sur, que eran mencionados como "sureños, Confederados o secesionistas".

El teniente general Ulysses S. Grant (1822-1885) fue el último Comandante en Jefe del Ejército de la Unión, siendo nombrado en ese cargo en marzo de 1864, convirtiéndose después de la Guerra Civil en el primer Presidente de los EE.UU, en 1868. El militar designado Comandante del Ejército de los Estados Confederados del Sur fue el general Robert E. Lee (1807-1870).

FIGURA N° 13: General Ulysses S. Grant.

Esta guerra puede ser considerada como la primera guerra moderna acaecida y ello es así por la utilización del material bélico, humano y el acceso a los nuevos descubrimientos técnicos y científicos de la época que se utilizaron para fines militares. Por ejemplo, en el curso de ella se utilizó, entre otros, el transporte de solados por tren, el uso del telégrafo, la acción de ejércitos en masa, el alambre de púa, las trincheras, los globos aerostáticos de observación, la aparición de los primeros buques de guerra blindados con hierro o acero y propulsados a vapor, la creación del primer submarino exitoso de la historia (el Confederado H.L. Hunley) que atacó y hundió a la nave de guerra USS Housatonic de la Unión, la participación de periodistas que llegaban al campo de combate con novísimas máquinas fotográficas, la aparición de armas de fuego que utilizaban el cartucho de vaina totalmente metálica lo que permitiría la retrocarga y la repetición, y el uso de la nueva ametralladora Gatling.

También se deben tener en cuenta los progresos realizados en el campo de la medicina de guerra, especialmente en el transporte y cuidado de heridos y en el uso del cloroformo y del éter, los que permitían la anestesia general en los pacientes que debían ser intervenidos quirúrgicamente. "De los aproximadamente 620.000 soldados que murieron en esta guerra, dos terceras partes de estas muertes no fueron el resultado del fuego enemigo, pero si de una fuerza más fuerte que cualquier ejército de hombres: las enfermedades. La lucha contra la enfermedad, así como el tratamiento de las legiones de soldados heridos empujó a los estadounidenses a repensar sus teorías sobre la salud y el desarrollo de prácticas eficientes para cuidar a los enfermos y heridos".

Cuando la bala Minié llega al Norte, o sea a la Unión, el armero James Burton que hacia 1855 trabajaba en el arsenal de Harpers Ferry, situado al oeste de Virginia, la modifica dejándola sin los surcos laterales pero manteniendo su formato ojival y la cavidad en la base, sin ningún tipo de añadido. Con estas modificaciones se logra una bala fácil de producir en grandes cantidades, o sea se posibilita la fabricación en masa de la misma, hecho extremadamente importante en caso de guerra. Ello permite que la Unión se asegure la producción y compra de aproximadamente 470.851079 cartuchos de papel cargados con esta bala.

FIGURA N° 14: Bala modificada por J. Burton.

Esta nueva bala Minié modificada tenía un calibre de 14,7 mm (.58 centésimas de pulgada), un peso de 32,5 gramos (501,5 grains) y estaba impulsada por una carga de 3,9 gramos de pólvora negra (60,18 grains) con lo cual el proyectil podía desarrollar una velocidad inicial entre 350 y 380 m/s (1148,29 y 1246,72 pps respectivamente) todo lo cual permitía un aumento de la precisión y del alcance efectivo hasta los 400 metros de distancia e incluso superar esta performance, dependiendo siempre de la pericia del tirador.

Con respecto al término grains (grano o gr) es la mínima unidad de masa (o peso) en el sistema inglés de medidas y es utilizado normalmente en balística para pesar balas o pólvora, siendo igual a 0,0647 gramos y se representa con la letra g. Un gramo (1 g) equivale a 15,432 grains (gr).

Cuando la Guerra Civil Americana estalló en 1861, la mayoría de los arsenales estatales contenían fusiles a percusión de ánima lisa, y estos fueron ampliamente utilizados por ambos lados por razones de necesidad.

Pero en la Unión, con el desarrollo generalizado de armas más avanzadas como el "Model 1861 Percusión Rifle-Musket" (mejor conocido como fusil Springfield modelo 1861 con ánima rayada) que es adoptado como reglamentario por estas FF.AA. se introdujo la bala Minié en el campo de combate, produciéndose en las operaciones militares venideras una verdadera transformación de estos escenarios bélicos.

Es que el nuevo proyectil Minié introducido, según algunos autores, en la Guerra Civil por la infantería nordista en 1862, tenía un alcance eficaz a 1.000 yardas y un resultado generalmente mortal a 300 yardas.

Ahora un soldado promedio podía hacer blanco con bastante facilidad a unas 250 yardas de distancia (223 metros) en los ataques frontales que realizaban el enemigo que avanzaba en filas ordenadas a través del llano.

FIGURA N° 15: Fusil Springfield modelo 1861 calibre .58 con su bayoneta.

En esta guerra, cómo antes dijese, las tropas de ambos bandos se encontraban frontalmente en campo abierto, con los hombres dispuestos en línea con filas de tres a cuatro hombres en fondo, formadas siguiendo los antiguos esquemas tradicionales de combate de unos 100 años atrás, y muchos soldados de la Unión aún empleaban antiguos mosquetes Springfield modelo 1842 y también el modelo 1816/1822 modificado, ya que se les cambió el sistema de encendido a chispa por el de percusión, siendo ambos modelos del calibre 17,5 mm (ó .69).

Pero es interesante mencionar, como un dato de interés relativo para enriquecer la nota, que para algunos autores durante esta guerra se utilizaron cierta cantidad de mosquetes a chispa y ánima lisa por lo menos durante los dos primeros años de la guerra, como lo fue el uso del mosquete modelo 1842 en calibre .69, y que la efectividad de sus disparos usando una bala juntamente con dos o tres gruesos perdigones ("buck and ball", en inglés) igualaba (o superaba) en distancias menores a 100 yardas a la efectividad de un proyectil Minié del fusil Springfield 1861 calibre .58, pero a 200 yardas algunos de los perdigones ya no podían penetrar en el blanco humano. El uso de estos mosquetes de ánima lisa no puede ser desmentido, ya que muchos voluntarios de ambos ejércitos los usaron en la batalla de Gettysburg, en 1863.

Como con el mosquete de ánima lisa había que apuntar por encima de la cabeza del enemigo a distancias mayores a las 100 yardas y, si los vientos no eran lo suficientemente fuertes para llevarse las nubes de humo que originaban los disparos con pólvora negra, esta nube se hacía tan densa que tornaba prácticamente imposible ver al enemigo o al menos oscurecería sus contornos, y muchos hombres no acostumbrados a usar el fusil Springfield 1861 con la bala Minié que tenía una trayectoria más tendida o tensa, realizaban disparos tan altos que los proyectiles pasaban por arriba de las cabezas de los enemigos o por encima de sus trincheras. Pero si el viento era tan intenso que arrastraba las nubes de humo, hacía difícil la puntería por la desviación que el viento ejercía sobre el proyectil reduciendo la precisión. Pero no se puede negar la relativa exactitud del fusil Springfield 1861, ya que para distancias más allá de las 100 yardas un tirador solitario con un mosquete de ánima lisa no era probable que hiciera blanco en un enemigo aislado.

Pero con el paso del tiempo los regimientos del Norte fueron equipados con los fusiles Springfield modelo 1861 en calibre .58, llamados así por ser su lugar de producción original el arsenal de Springfield (Massachusetts).

FIGURA N° 16: Bala de un mosquete de ánima lisa calibre .69 (izquierda) y una bala Minié calibre .55 (derecha). (Tomado de: The bullet that changed history by Pat Leonard). http://opinionator.blogs.nytimes.com/2012/08/31/the-bullet-that-changed-history/

Este fusil Springfield a percusión modelo 1861 de avancarga ya incluía aparatos de puntería cuando aparece, según manifiesta algún autor, en el campo de combate hacia 1862, siendo ya apto para disparar la bala Minié modificada. Tenía un calibre de 14,7 mm o sea .58 centésimas de pulgada (aunque otros autores lo suelen mencionar como de 15 mm), un alcance efectivo entre 91 y 366 metros (aproximadamente 100 a 400 yardas), un alcance máximo entre 820 a 910 metros (900 a 1094 yardas) y una cadencia de tiro 2 a 4 por minuto, según la capacidad y experiencia del tirador bajo fuego. Tenía un cañón con una longitud de 1.016 mm (40 pulgadas) estando preparado su extremo libre para incorporar una bayoneta de cubo de forma triangular, que generalmente era la modelo Collins.

Las fábricas de la Unión (en el Norte), a diferencia de los estados sureños menos industrializados, fueron capaces de producir los nuevos fusiles y municiones a un ritmo gigantesco debido a las técnicas de producción en masa, y tal es así que el arsenal de Springfield viéndose sobrepasado por la gran demanda de armas que exigía la guerra, facilitó los diseños de este fusil a varios contratistas privados (unos veinte, en total), fabricándose, en conjunto, alrededor de un millón de estas armas.

Pero hay un aspecto que debe ser tomado muy en cuenta cuando hablamos de la efectividad de este proyectil Minié, y ello se debía a la buena relación arma-proyectil. O sea, que las características atinentes al arma propiamente dicho, para ser breve, tales como: grosor y largo del cañón, características y paso del estriado; y en la bala: calibre, peso, forma y la ubicación del centro de gravedad (CG) o baricentro y el centro de la figura (CF) de la misma, permitieron una mejor interacción y aprovechamiento de ambos. Todo ello posibilitó que se lograran disparos certeros a larga distancia y graves lesiones o heridas en el sujeto impactado. Esto último mencionado es motivo de estudio por parte de la Balística llamada Balística Terminal o de Efectos, entre otros nombres.

Sobre la importancia del tipo de rayado del ánima del fusil, dice Oscar Albino en su libro "no fue desarrollado por Minié, pero por haber sido utilizado con las balas de este tipo, le quedó el nombre. Descubierto por accidente y necesidad, es de profundidad decreciente hacia la boca del arma. Demostró mejorar la eficiencia de la bala Minié y disminuir la acumulación de residuos".

En los proyectiles con alta velocidad de rotación se acepta que el CF esté siempre por delante de CG, sin tener una posición fija. Todo ello favorece la estabilidad giroscópica del proyectil en su volido por el aire.

FIGURA N° 17: Bala cilindro-ojival que muestra el centro de la figura (CF) y el centro de gravedad (CG). (Tomado de: Nociones de balística para armas menores, de Oscar Albino).

Visto las excelentes prestaciones del mencionado fusil Springfield 1861 que usaba la bala Miné, las autoridades del Sur deciden fabricar un arma que tuviese similares cualidades. Pero al comienzo de la guerra civil, la Confederación sufría de la falta de recursos y de capacidad tecnológica necesarios para producir armas portátiles.

Los soldados confederados en un comienzo también utilizaron este arma en el conflicto como resultado de apoderarse, como botín de guerra, de los rifles y municiones de los combatientes del norte. Pero con el paso del tiempo el Sur comenzó a fabricar sus propios fusiles y balas Minié.

En 1861 tropas de la Confederación ocupan la ciudad de Richmond (Virginia) y se apoderan de la maquinaria necesaria para producir el fusil Springfield modelo 1855 . Este modelo sufre algunas modificaciones y aparece así, en las filas sureñas, un fusil a percusión y ánima rayada en calibre .58 (14,7 mm) apto para usar la bala Minié, cuyo proyectil contaba con una velocidad inicial entre 1000 y 1200 pps (aproximadamente entre 305 y 366 m/s) y un alcance eficaz de aproximadamente entre 91 y 366 metros (100 a 400 yardas) y un alcance máximo entre 810 y 910 metros (900 a 1000 yardas), siendo en la realidad eficaz hasta las 600 yardas. Fue denominado "rifle Richmond", el cual fuera adoptado por el Ejército de los Estados Confederados del Sur. La longitud del cañón de este fusil era de 40 pulgadas (1metro).

En líneas generales el fusil Richmond, en cuanto a la balística y aspecto exterior, era parecido al Springfield pero tenía algunas particularidades que lo diferenciaban. Fue fabricado entre 1861 y 1865. Con estos riflles un soldado experimentado podía realizar entre 3 a 4 disparos por minuto.

Además del arma antes mencionada, las tropas del Sur también utilizaron en esta guerra el fusil inglés a percusión de avancarga Enfield modelo 1853 en calibre 15 mm (.577) con el ánima con tres estrías, del cual compraron cerca de 400.000 unidades a diferentes fabricantes de Inglaterra. Era muy parecido al fusil Minié y fue empleado por el Imperio Británico desde 1853 hasta 1867. Tal vez fuere el más común entre una gran variedad de armas de fuego utilizadas por el Sur. La Unión también importó un cantidad similar de este fusil Enfield para sus tropas.

Siguiendo las tácticas habituales de la infantería de la época, como antes explicara, las tropas de ambos ejércitos avanzaban frontalmente hacia el enemigo en filas ordenadas, a través del campo abierto, aguantando a pecho descubierto el fuego procedente de los fusiles enemigos que podían abatir a decenas de combatientes en cada descarga, hasta llegar, finalmente, al combate cuerpo a cuerpo a la bayoneta, todo lo cual convirtió a estos campos de batallas en verdaderos lugares de sangrientas matanzas.

El mayor alcance y precisión logrado con el nuevo fusil obligó a los servidores de las piezas de artillería a ubicar sus cañones a más de 1.500 metros de la infantería enemiga para sentirse más seguros de no ser abatidos por el fuego enemigo, mientras que en las guerras napoleónicos bastaba alejarse unos 200 ó 300 metros.

Hacia 1862, los soldados de ambos lados estaban construyendo en el campo de combate trincheras y defensas de protección contra el fuego de los fusiles y de la artillería, la cual también había evolucionado mejorando su performance.

Además de fusiles, en esta guerra también se usaron gran cantidad de diferentes armas de puño, de avancarga y encendido a percusión, siendo los más comunes los revólveres Colt Navy modelo 1851 en calibre .36 y el Remington modelo 1858 en dos calibres, el modelo Navy en calibre .36 y el Army en calibre .44.

FIGURA N° 18: Colt Navy modelo 1851, calibre .36

Otro aspecto sobre el cual influyó grandemente la bala Minié fue en el campo de la medicina de guerra.

Es obvio que en la actualidad, los médicos no hallan heridos con este tipo de proyectiles Minié, motivo por el cual debemos recurrir a los informes y comentarios al respecto provenientes de esa época a fin de poder describir su tremendo efecto lesivo sobre el ser humano.

FIGURA N° 19: Ambulancia del Ejército de Potomac cercana a la estación Brandy en marzo de 1864 (Biblioteca del Congreso EE.UU.)

Es una obviedad, para cualquier individuo de nuestros días, decir que hace unos 150 años la ciencia médica no contaba con los conocimientos tecnológicos y científicos actuales, pero los médicos de ese tiempo se comportaron en esta guerra con valor y decisión, aportando todos sus conocimientos teóricos y prácticos a fin de atender a los cientos de heridos que se producían después de cada combate, ya que los enfrentamientos armados se realizaban, con frecuencia, entre miles de soldados de cada lado.

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OTRA FUENTES BIBLIOGRÁFICAS CONSULTADAS
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Oscar Enrique Vanzetti Médico Legista

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