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La Larga Guerra - Parte 2

El Asesoramiento en La Larga Guerra

Autor: Ricardo Seratti Fecha de publicación: 09/09/2015

"Si uno cree a los doctores, nada es sano; si uno cree a los teólogos, nada es inocente; si uno cree a los soldados, nada es seguro." Lord Salisbury

Para poder iniciar un asesoramiento en cualquier tema es necesario tener en cuenta la sentencia de Voltaire cuando dijo: "Si quieres conversar conmigo explícame tu vocabulario." Esto significa estar en sintonía entre el asesor y el asesorado en la diversidad y los significados de los términos a emplear.

Es propio de las Fuerzas Armadas la claridad e uniformidad de los términos. Las razones son muy sencillas y obedecen no solamente a la gran cantidad de personas involucradas, sino que también tienen en cuenta su empleo en situaciones de riesgo mortal o bajo elevadas presiones, donde es necesario ser claro y conciso, eliminando toda duda para quien deba tomar decisiones o acatarlas. Se trata fundamentalmente de intentar comprender conceptos, no encasillar ideas o definiciones taxativas.

También Nietzsche nos aporta una clara definición: "Las palabras son símbolos para las ideas, pero las ideas son signos imaginativos, más o menos precisos, correspondientes a sensaciones que vuelven a menudo y al mismo tiempo, grupo de sensaciones. Para comprender mutuamente no basta emplear las mismas palabras; hay que designar también por medio de las mismas palabras la misma especie de realidad interior; en fin, hay que tener en común ciertas experiencias." Lo indispensable es comprenderse bien en el peligro. Para el asesor, cuya función no es ejecutiva, o para el director, que si la es, resulta muy importante la libertad de pensamiento, el poder generar hipótesis; en otras palabras: no tener techo mental. Poseerlo es propio de las mentes estrechas, de los temerosos, los de pobre educación, formación y experiencia, caracterizados también por los prejuicios y la visión parcializada, en definitiva, la actitud de medir todas las situaciones con la propia vara. La vanidad del hombre es tan grande que casi siempre cree que todo lo puede resolver. Y evidentemente todo aquel que quiera ver más allá del hoy tendrá como enemigo fundamental el ideal de la época. La mayoría de los hombres comunes se aferran al manual de la guerra pasada para regir los destinos del presente y del futuro. Es decir que cuando se produzca un hecho, seguramente provocará sorpresa, y para variar estarán detrás de los acontecimientos.

Ha sucedido en muchas ocasiones que la oportunidad estaba basada en el error de la otra parte. En definitiva se produce un fenómeno de compensación, si descendemos nuestro nivel, ascenderá el del enemigo. Se dice que el diablo habita en los detalles. Lidell Hart advertía sobre la dificultad que había en introducir una nueva idea en la mente de los militares. Las excepciones fueron los que seguimos recordando y utilizando de ejemplos. La educación va de acuerdo a las necesidades del Poder Real de turno. Siempre ha sido una necesidad del sistema la proliferación de ovejas, tal cual Jünger advirtió: "cuidado si los lobos contagian a la masa, un mal día el rebaño se convierte en horda". ¡Tranquilos! Las hordas solo producen rebelión, jamás una revolución. También estaba en lo cierto el profesor Ramos Mejía cuando afirmó que "la iniciativa es propiedad del talento." La información sigue siendo fundamental, útil para otros niveles de análisis y de decisión, y requiere como siempre que el o los usuarios de la misma posean la suficiente formación para comprenderla. "Todo no es apto para todos" decía Propercio.

Cuando en los hechos se percibe que los asesorados no soportan la verdad, se podría decir, que ya comienza la traición. En esas reuniones se pierde más tiempo en seleccionar lo que se va a informar y el cómo, que la información necesaria para la toma de decisiones bajo el punto de vista de la seguridad. Finalmente se termina diciendo lo que anhelan escuchar. Alguien dijo que cuando se embellecen los comentarios también se oscurecen las ideas. Luis XIV había escrito: "Mientras estamos en el poder jamás carecemos de personas que estudien nuestro modo de pensar para seguirlo y parecer de nuestra opinión. Pero debemos temer que en la ocasión oportuna carezcamos de personas que sepan contradecirnos..." También existe lo que mencionaba Nietzsche, que a los poderosos casi nunca les llega la verdad entera y vulgar, dado que en su presencia se miente involuntariamente un poco, debido a que se está bajo la seducción de esos seres. Aconsejaba que si los hombres de esa clase querían saber la verdad a pesar de todo y a cualquier precio, necesitarían de un bufón, un loco, un ser que posea el privilegio de los locos, de no poder asimilarse las cosas. La seguridad, la capacitación y el entrenamiento sobre este tema también es objeto de imitación. Aristóteles hablaba de la "imitación del prestigio". La imitación opera en forma horizontal, aunque bien sabido es que lo que hacen las mayorías generalmente no significa lo mejor. Para algunos asesores, la sentencia de Marco Tulio "Cicerón" sigue vigente. El advirtió: "Sunt qui suadent, quam quod se imitari posee confidunt." ("Hay gentes que no aconsejan más de lo que creen poder imitar.")

La multitud alaba o censura por el prestigio de la imitación, el cual, ya no caben dudas, indefectiblemente siempre es impuesto desde arriba. Estas son épocas donde prima el culto hacia lo débil, la multiplicación de la mentira y el debilitamiento del hombre, por consiguiente, la implementación de nuevas formas de pensar y entrenar produce escozor en las mentes flojas. Como decía Goethe: "Los hombres se hallan tan abrumados por los infinitos condicionamientos del fenómeno que no logran percibir la Unidad primordial condicionante." He aquí el trabajo del Asesor de Seguridad.

Cuando en los niveles de conducción, cualquiera sea el ámbito, se encuentran hombres fuertes de espíritu, toman la información que les sirve a sus fines, ocultan o desfiguran lo que ayuda a su estrategia, Kipling advertía que el hombre debía poder soportar que la verdad expuesta por él se la pueda ver retorcida por los pícaros para convertirla en lazo para los tontos. La verdad causa fastidio en el hombre vulgar, pero también es cierto que "hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer más profundas." Si no se reconocen los problemas, especialmente los sociales y políticos, es dejar abierta la puerta para que ingrese la tragedia.

También debe considerarse que en esta era de confusión, de escaso o nulo pensamiento, muy probablemente los mismos interesados en proteger los intereses, ya sea contratantes y o contratados, estén sumidos en esa misma confusión. Marx y Engels afirmaban que "los pensamientos de la clase dominante son también, en todas las épocas, los pensamientos dominantes, dicho de otro modo, la clase que es la potencia material dominante de la sociedad es también la potencia dominante espiritual. La clase que dispone de los medios de producción material dispone, al mismo tiempo, de los medios de producción intelectual, de modo que lo uno y lo otro, el pensamiento de aquellos a los que le son negados los medios de producción intelectual está sometido; al tiempo, a esa clase dominante." Es casi una norma que las empresas transnacionales contraten a asesores de seguridad, oriundos del lugar en que se encuentran radicadas y en algunos casos que sean afines a sus creencias, es decir "animalitos domésticos" de la o las potencias dominantes en el lugar. Entiéndase que ser doméstico no es sinónimo de ser leal aunque es más seguro que ser salvaje. El filósofo argentino Alberto Buela escribió: "El que coloniza inserta los valores que porta, mientras que el colonizado asimila, más cuando sólo padece y no influye, se desarraiga de lo suyo, pierde el carácter de autóctono. Y transforma a su vez al colonizador, propiamente en conquistador, puesto que este no sufre la influencia de los valores que sustentan al algo originario. En el colonizado, por su parte, el hecho de no hacer sentir sus valores y el no mostrar que los vivencia como propios ?por servil- lo reduce a la categoría de simple imitador."

Sabemos que la seguridad es un conjunto de medidas para limitar o anular los riesgos y efectos que implica una amenaza ya sea real o potencial. Siempre he entendido que abarca con su término la protección física de personas, instalaciones, comunicaciones e informaciones. El tema es amplio y requiere de la ayuda de otras profesiones. La excelencia depende de la neutralización de la sorpresa. Se dice que el conocimiento en principio siempre es dolor. El placer, en materia de seguridad solo se consigue logrando el objetivo propuesto en cada caso en particular.

Los contratantes pueden ser, entre otros, las grandes empresas, lo cual no implica inequívocamente de que en sus directorios se encuentren hombres de alta capacidad. La posesión de mucho dinero o el desempeño en altos cargos, tiende a generar en las mentes comunes la fantasía de que aquellos hombres son muy completos. Evidentemente no siempre es así. La mediocridad también está a la orden del día en las corporaciones, de hecho, no se encuentra organización humana exenta de la contaminación de los portadores de aquella "pobreza del alma". Son privilegiados sin méritos propios, y en su miseria y descontento encuentran generalmente mayor atracción hacia los hombres de carácter débil. A los hombres comunes les causa molestia quienes detentan seguridad en sus dichos y acciones, considerándolo un acto de agresividad. Todo aquel que vislumbre condiciones de honestidad intelectual, liderazgo natural, carácter y honor les causa temor, solamente han de soportarlo en los extremos de la guerra, ya que necesitan refugiarse bajo su manto.

Uno de los factores que provoca la subestimación de la capacidad de la seguridad privada reside en el hecho que un número importante de grandes empresas, haciendo uso de su poder, son asistidas por el aparato informativo de poderosas embajadas y organizaciones nacionales, como así también de las fuerzas policiales de aquellos países donde se encuentran radicadas sus filiales. Si bien es conveniente mantener aceitadas relaciones con los organismos de seguridad locales, no lo es así la contratación de elementos pertenecientes a los mismos, involucrándolos en el desenvolvimiento rutinario de la empresa. Fue Simón Bolívar quien advirtió que una vez hecho el acuerdo con el fuerte, es eterna la obligación del débil. En esta época conocida como globalización se cree que las fuerzas de seguridad de los países dominados serán empleadas en la defensa de los intereses de las grandes corporaciones dominantes, inclusive contra la propia población. Eso contribuye a abaratar costos, menor cantidad de problemas legales y fundamentalmente legitima la represión y retrasa políticamente a los pueblos.

No es el objetivo de este artículo darle fuerza al tema, que de por si considero ya lo tiene. Evidentemente esto queda confirmado cuando la violencia social estalla o hace su aparición algún grupo politizado que puede utilizar, entre otras armas, el terrorismo. Sin embargo, se puede apreciar en las últimas décadas que las grandes empresas son responsables casi siempre en la creación del "enemigo". Antes lo creaban los Estados potencias, pero ahora, dicha función se encuentra privatizada. Podríamos estimar entonces que éste sería uno de los motivos por el cual desestiman al tema seguridad, ya que conocen de antemano hacía donde se dirige o concentra el esfuerzo "enemigo". Cuando se analizan seriamente los blancos atacados generalmente quedan en evidencia sus patrocinadores y objetivos. Ya Nietzsche decía que: "No se es buen observador cuando solamente se observa la mano que mata y no quien la dirige."

En materia de seguridad estatal, en especial la de los países semicoloniales, no logra distinguirse casi en nada de la privada. A ciencia cierta, no existen blancos estratégicos que proteger. Los dirigentes políticos de las últimas décadas en su inmensa mayoría, son hombres de cartón, y como ya es sabido, el cartón es descartable y en el mejor de los casos, reciclable. Estos denominados dirigentes son producidos en serie, como todo lo que fabrica el sistema imperial y necesita el mercado. No tienen ningún tipo de importancia individual ni característica sobresaliente. De allí sus "éxitos" en haber sido elegidos como representantes del pueblo. Ahora bien, imagínense, si no resulta indispensable la protección del dirigente, qué les espera a los elementos de seguridad, que de por sí no solo deja de ser rentable su salvaguarda sino también su preparación técnica. Por ende nos encontramos ante la presencia de otro elemento desechable. Aún en el caso de producirse las dos muertes, ambas son funcionales al sistema, siendo rápidamente substituibles a un costo ínfimo. No se observa en la región, en alguna profesión, la mística necesaria para la trascendencia. Todo es de coyuntura. Resultan ambas meras salidas laborales. La única diferencia entre ellas reside en la impunidad garantizada a través del Estado que emana de la investidura del funcionario público.

La educación en seguridad permite estar preparados frente a enemigos circunstanciales y por sobre todo frente al enemigo permanente, la rutina, quien vulnera la estructura, y por tanto se transforma en el más peligroso. Es obligación de un buen director de seguridad el contribuir diariamente a que sus hombres no caigan mentalmente bajo sus efectos. La rutina, síntesis de todos los renunciamientos, es el hábito de renunciar a pensar, según José Ingenieros. Los rutinarios son los que creen que mejor malo conocido que bueno por conocer. Quizás estas frases de pensadores chinos reflejen en su dimensión lo que ella significa: "El agua estancada está en equilibrio, pero sólo se convierte en agua sucia." Por el contrario, "el río que siempre fluye lleva gran fuerza." He aquí la característica de los hombres en permanente estado de alerta.

Un sistema de seguridad al igual que los órganos se compone de varias partes interdependientes. Para mejorar la protección de los intereses, sea material o de vidas físicas, no deben aplicarse posibles soluciones que simplemente sean un rejunte de medidas aisladas. El enemigo, es decir el hombre, es infinitamente variable y cualquier contramedida en el plano defensivo, que casi siempre equivale a no ganar, como mínimo debe igualarnos. Siempre se debe tener presente que además de medir la seguridad en su punto más débil, se debe tener preparada una sorpresa para el atacante. Puede no ser solamente táctica, existen otras, pero dependen más de la inteligencia y la correcta información.

Si el Asesor o Director de seguridad no logra que se le atribuya la importancia vital que el tema seguridad posee, ejercerá de manera rezagada su función devaluando su "prestigio" en relación a sus pares, directores de las restantes áreas, quedando definitivamente detrás de los acontecimientos.

"Cuando el cielo envía calamidades todavía es posible escapar a ellas. Cuando nosotros mismos ocasionamos las calamidades no es posible vivir más tiempo." (Pasaje de Tai Chia, mencionado por Confucio).

Continuará...

Ricardo Seratti Asesor de seguridad y Profesor instructor de tiro.
Muchos de sus trabajos son realizados en el exterior.

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