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Chanchos a la hora del Té

Cacería en Río Colorado bajo la luna de Mayo

Autor: Jaeger E. Fecha de publicación: 16/09/2016

A lo largo de cientos de años y en sus vastos territorios el Imperio Británico impuso la hora del té. El "five o´clock tea", independientemente si era en Londres, Sumatra o en el medio de la selva de la India.

Los chanchos en cambio, perseguidos por los cazadores y los perros poco a poco empezaron a adoptar hábitos nocturnos?pero no siempre es así.

En la Luna de Mayo, ultima en la cual es posible no congelarse apostado a la madrugada, decidimos hacer un viaja a Río Colorado.

Desde que salimos de Buenos Aires hasta Macachín, donde paramos a hacer noche, llovió en forma incansable. Nos fuimos a dormir con la esperanza que el tiempo mejorase al otro día.

No fue así, y los poco más de trescientos kilómetros hasta Río Colorado también fueron bajo intensa precipitación. Llegamos al pueblo y no dirigimos a Fauna para sacar los permisos pertinentes. Eran las 10 de la mañana. No había nadie en la oficina.

Esperamos hasta las doce y finalmente apareció el responsable (se una forma de decir) de hacernos los permisos. Parece mentira que in empleado pagado por el gobierno y que recauda dinero por su trabajo no este disponible dentro del horario de atención al publico, pero es así e hizo caso omiso de nuestras protestas.

Con los permisos en la mano y viendo que seguía lloviendo decidí llamarlo al dueño del campo para que nos llevara los 100 kilómetros que faltaban con su camioneta ya que pretender hacerlos con un auto hubiera sido mas que riesgoso. Salimos después de almorzar y la lluvia no se detenía. El camino estaba inundado y donde no había charcos había barro así que fue un viaje medio rodando y medio patinando.

Finalmente llegamos y bajo la lluvia descargamos nuestro equipaje y tras prender el hogar nos dispusimos a ver como pasaba la tarde, ya que ir a apostarse teniendo que armar al apostadero no era una proposición demasiado atractiva.

Tomamos unos Gin Tonic (todavía quedaba algo del Beefeaters de mi viaje anterior), cenamos y en la sobremesa la conversación se concentro en el movimiento de los chanchos. Cuando le pregunte al encargado Benedicto si había visto buenos rastros me contesto afirmativamente y no en un solo lugar sino en tres o cuatro. Esto era muy promisorio ya que éramos tres los cazadores y eso nos daba oportunidad a todos. Cuando el pregunte a que hora el presumía que bajaban a las cebas, me contesto que no lo iba a creer. Me dijo antes de las 5 de la tarde?Pero demonios pensé, vendrán a tomar el té.

Nos fuimos a dormir ya al otro día, milagro de Dios, el cielo amaneció despejado con un sol que a las 7 y media ya brillaba en el horizonte.

Con eses buen presagio, nos repartimos los lugares, Héctor iría al puesto, Goyo al charco grande y yo a la tranquera de caño.

Después de almorzar y una breve siesta Benedicto me llamo a las cuatro urgiéndome a salir. A regañadientes me levante y alce lo que ya había preparado antes porque sino en el apuro lo mas probable es olvidarse de algo.

Cargamos maíz y nos fuimos al sitio elegido. Ni bien llegamos, serian poco mas de las cuatro se nos cruzo un padrillo chico casi sin boca y a lo lejos dentro del pajonal se veía alguno más. Benedicto echo el maíz en el charco y nos dispusimos a armar el apostadero y mientras hacíamos esto, sin tomar ningún cuidado un par de lechones se pusieron a alimentarse.

Paso un rato, la camioneta partió con la instrucción de buscarme tipo 2 de la mañana.

Como a las cinco, justo para le hora del te, bajo un padrillo mediano de tamaño, de unos 70 a 80 kilos, y muy tranquilo se dispuso a darse un festín con los granos. Estaba a menos de sesenta metros y varias veces lo mire con los binoculares pero boca, lo que se dice boca, no tenia. Me dedique entonces a fotografiarlo. Cuando se aburrió se marcho, al tranco, igual que como vino y a su partida aparecieron varias chanchas con lechones a sumarse a la fiesta. Y así paso el tiempo.

Como a las siete menos cuarto, cuando el sol ya había bajado aparecieron dos chanchas medianas con un cachorrón. Atrás en el monte se dibujaba la sombra negra de otro candidato que era evidentemente más grande. Daba vueltas in decidirse a bajar, hasta que finalmente lo hizo.

Yo no podía creer la cantidad de chanchos que había visto en el espacio de menos de tres horas. No recuerdo en esos campos haber visto tal cantidad en un espacio de tiempo tan corto.

De cuerpo grande y macizo el padrillo se dirigió despacio hasta las chanchas, levante el 30´06 y lo busque con la mira, le apunte al cogote y apreté el gatillo. "Click" fue lo único que sentí, sin demorarme demasiado abrí el cerrojo y salto la bala afuera, pero ese ruido fue suficiente para que el padrillo saliera disparando y atrás de él los demás.

Tome la munición descartada (Hornady factory original) y vi que estaba bien picada. Cosas que pasan dijo Larralde. Maldije mi suerte y poco a poco la luz del cielo se fue apagando y ya para las siete y media la oscuridad era casi total.

De repente, y del mismo lado de donde habían bajado los chanchos antes apareció una sombra negra que cautelosa se aproximaba a los pocos restos de maíz que quedaban. El padrillo pensé. Otra vez apunte con cuidado y al disparo del fusil cayo inerme en el suelo. Escuche un breve pataleo y revolver en mano me fui a verlo. No era el padrillo que yo esperaba, mas bien casi con seguridad fue el primero que bajo. Me volví a la carpa, me tome un par de tazas de sopa y seguí esperando, total hasta las dos de la mañana faltaba rato.

No falto mucho rato para que aparecieran mas chanchas esta vez de gran tamaño con su lechigada algunos rayones, cosa extraña para la época del año (normalmente paren en Noviembre). Y no pasaron ni cinco minuto para que bajara un padrillo que se puso a echarlas para así comer algo el. Parecía grande, así que de nuevo le aplique la misma medicina 30´06 en el cogote. Todavía estaba oscuro pero pude ver bien el poste del retículo 1 (el mejor que hay) en el cogote. Al rato baje a verlo y la historia volvió repetirse chancho grande dientes chicos.

Y ya era bastante así que termine mi sopa y como estaba oscuro me dispuse a dormitar. Cada tanto abría el ojo.

Poco a poco la luna hizo su aparición y para las nueve y media se veía como de día, estaba un poco baja todavía y justo enfrente mío.

El tiempo discurría lentamente , solo amenizada por uno que otro zorro que pasaba por el charco, cuando de repente aparecen dos chanchas medianas y el cachorrón, y si también el padrillo. Contuve los nervios y alce despacio el fusil, pero algún reflejo o de la mira o del caño lo asusto y arranco disparando hacia arriba de la loma. Lo metí adentro de la mira y dispare. No escuche mas nada, ni el impacto, ni que se hubiese llevado un planta por delante, nada.

Espere diez minutos y Salí a ver. En el lugar que estaba parado vi bien claro la arrancado y pude apreciar el tamaño del rastro, era importante. Con la linterna busque seguirle el rastro y ver si había alguna mancha de sangre que me indicara que le había acertado aunque sin tener muy en claro adonde. No vi nada, camine entre el monte y mil rastros de chanchos que iban y venían como colectivos en el Metrobus.

Me volvi a la carpa y si ahora a dormir un rato. Antes de la dos de la mañana tal cual estaba previsto las luces de la camioneta se dejaron ver a través de la maraña del monte.

José el dueño del campo se arrimo y medio como me felicito porque había matado dos chanchos y sobretodo pienso porque habían quedado allí y no habría que rastrearlos en el monte sucio. Los cargamos en la camioneta y le conté lo que habían pasado después, a lo que me dijo "¿Como un cazador viejo como vos le tira a un chancho a la carrera?", pues le dije que no era la primera vez que lo hiciera y que a sesenta metros si lo pude poner dentro de la mira que lo diera por muerto (o por lo menos pegado).

Fuimos al lugar donde había estado parado y de donde salio, cuatro ojos ven más que dos pero sangre no vimos y nos volvimos a la casa, el con el latiguillo de no tirar a la carrera y otro nuevo que el 300 era mejor que el 30´06 porque deja mas sangre, y yo con el convencimiento que lo había puesto adentro de la mira.

Cenamos y siguió la discusión, pero decidimos ir al otro día temprano a revisar los rastros y llevamos dos perros, que aparte de correr a un ternero y a alguna liebre no sirvieron para mucho. Según el dueño al chancho lo encuentran si está vivo.

Después de un par de horas de tranquear entre chañares espinillos y piquillines volvimos hacia el lugar de origen para como también dice Larralde echar la última mirada. Y en esa última mirada vi una gotita de sangre bien roja muy pequeña y en el suelo sobre un rastro que podía haber bien sido de nuestro chancho. Dimos unas vueltas y en un pastizal otras gotas y a treinta metros encontre una jarilla allí estaba el finado. El tiro le había entrado un poco atrás pero le intereso los pulmones (por eso la sangre bien roja) y cuando se le acabo la presión cayo inerme. Salida el proyectil no tenia y por eso el rastro de sangre era muy chico, y otra vez con la historia del 300.

Arrimamos la camioneta al monte y después con una carretilla llevaron al chancho.

De regreso a la casa Goyo había cazado un lindo padrillo, pero de un lado le faltaba el colmillo, mientras que a Héctor mi amigo no le había bajado nada. O se habría quedado dormido.

Y así me despedí de Río Colorado hasta Septiembre, que los fríos se los aguante otro!

Jaeger E.

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